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Elena

Gracie

Poeta recién llegado
Delicada mujercita en mínima estatura,
como diosa se pasea en la estrepita madrugada,
como halcón vuela sobre las montañas del engaño
- y como toda una fiera se defiende de la insensatez.

El cáliz que maneja en su mano derecha está cubierto
de gemas preciosas que tienen a su vez incrustados
los ojos de aquellos que alguna vez la osaron ver.

Camina sobre el pasillo de aquel palacio oscuro a tientas;
porque la luz para ella se apago hace mucho,
su caminar armónico se siente en el suelo
que al temblar anuncia cada paso,
al final del pasillo encuentra una puerta,
sus pies descalzos y sus pupilas dilatadas descubren
el asombro que le recorre cada vértebra que posee.

La madrugada está por terminar y ella sigue allí,
en frente de la puerta…
un grito escalofriante se apodera de su piel,
de sus ganas de correr y todo lo demás,
ante ella cae el eco de su copa rota contra el suelo que no podía tocar.

Silencio…. Silencio… Silencio.

¡¡El hada ha llegado ya!!!
Entre sus alas recubiertas se lleva el alma de la princesa,
viaja por el sol y da una escala corta en la luna,
se despierta al sentir el frío en sus pies-
que luego de ser cálidos se han convertido en pedazos
de hielo fresco que ni el sol los ha podido derretir.

Princesa… mujer en mínima estatura…
Despierta, despierta, despierta.
Los ojos se abrieron poco a poco-
y pudo ver la luz,..
a su lado el amor querido que había perdido,

En su cuarto se encontraba…de ahí no se había movido.
Elena… tenía los pies helados como pedazos de
hielo fresco a pesar de estar en medio del desierto.

¡¡No!! Esto no había sido un sueño de Elena,

Grace M. Perez Baltodano
 
Delicada mujercita en mínima estatura,
como diosa se pasea en la estrepita madrugada,
como halcón vuela sobre las montañas del engaño
- y como toda una fiera se defiende de la insensatez.

El cáliz que maneja en su mano derecha esta cubierto
de gemas preciosas que tienen a su vez incrustados
los ojos de aquellos que alguna vez la osaron ver.

Camina sobre el pasillo de aquel palacio oscuro a tientas;
porque la luz para ella se apago hace mucho,
su caminar armónico se siente en el suelo
que al temblar anuncia cada paso,
al final del pasillo encuentra una puerta,
sus pies descalzos y sus pupilas dilatadas descubren
el asombro que le recorre cada vértebra que posee.

La madrugada esta por terminar y ella sigue allí,
en frente de la puerta…
un grito escalofriante se apodera de su piel,
de sus ganas de correr y todo lo demás,
ante ella cae el eco de su copa rota contra el suelo que no podía tocar.

Silencio…. Silencio… Silencio.

¡¡El hada ha llegado ya!!!
Entre sus alas recubiertas se lleva el alma de la princesa,
viaja por el sol y da una escala corta en la luna,
se despierta al sentir el frío en sus pies-
que luego de ser calidos se han convertido en pedazos
de hielo fresco que ni el sol los ha podido derretir.

Princesa… mujer en mínima estatura…
Despierta, despierta, despierta.
Los ojos se abrieron poco a poco-
y pudo ver la luz,..
a su lado el amor querido que había perdido,

En su cuarto se encontraba…de ahí no se había movido.
Elena… tenia los pies helados como pedazos de
hielo fresco a pesar de estar en medio del desierto.

¡¡No!! Esto no había sido un sueño de Elena,

Grace M. Perez Baltodano


interesantisimo relato, que casi parece acariciar la poetica prosa...un placer el leerle! RRR
 
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