elena morado
Poeta que considera el portal su segunda casa
Su amiga acudió puntual a la cita,
unas cuantas revistas
y pañuelos de papel
-la peli de hoy era una de esas de llorar-
como hacían los miércoles cuando tocaba sesión de romanticismo,
aunque por ahora no habría cine ni palomitas.
El taxi ya había llegado.
Colocó con rabia el relleno del sujetador,
ella que siempre había llamado la atención por sus senos
e incluso muchas veces pensó en operarse para disminuirlos,
-qué paradojas-
ahora se lo habían arrancado de cuajo y sin consultar-.
-al hospital, por la avenida de la habana por favor-
acudía a su primera sesión de quimioterapia,
y durante todo el trayecto no podía dejar de pensar en su pelo,
había perdido demasiadas cosas en estos últimos meses.
Antonia Mauro del Blanco
unas cuantas revistas
y pañuelos de papel
-la peli de hoy era una de esas de llorar-
como hacían los miércoles cuando tocaba sesión de romanticismo,
aunque por ahora no habría cine ni palomitas.
El taxi ya había llegado.
Colocó con rabia el relleno del sujetador,
ella que siempre había llamado la atención por sus senos
e incluso muchas veces pensó en operarse para disminuirlos,
-qué paradojas-
ahora se lo habían arrancado de cuajo y sin consultar-.
-al hospital, por la avenida de la habana por favor-
acudía a su primera sesión de quimioterapia,
y durante todo el trayecto no podía dejar de pensar en su pelo,
había perdido demasiadas cosas en estos últimos meses.
Antonia Mauro del Blanco
Última edición: