Alonso Vicent
Poeta veterano en el portal
Ella y yo no crecimos juntos,
solo nos vimos.
Nos cruzamos una con uno.
Yo,
un ser acomodado en mis miserias.
Ella,
a la búsqueda de miserias que echarse a la boca.
Yo con mis atónitos ojos,
ella con una suma desconfianza en la mirada.
Ojos, miradas;
claroscuro donde empezar a reconocerse.
El miedo es siempre a lo desconocido.
Yo con mi delgadez entrada en años,
ella con la suya extrema.
No me eché atrás,
ni adelante;
no reculó
ni se dio a la huída.
Ella y yo
en busca de afecto o comida,
en un lugar común donde integrarse.
Uno y una,
restando metros hasta llegar al tacto,
buscándose en las esperas.
No es un amor de verano,
ni una pasión que deba alterar
el resto de las estaciones.
Yo tengo mi casa
en algún lugar del invierno,
ella tiene sus montes
donde sobrevivir
hasta la próxima primavera.
Por supuesto que es un poema de amor,
otro poema de amor,
aunque muchos no lo entiendan.
https://drive.google.com/open?id=0B3hP5pyE4RmJQjRITWlfT2p0Y3c
solo nos vimos.
Nos cruzamos una con uno.
Yo,
un ser acomodado en mis miserias.
Ella,
a la búsqueda de miserias que echarse a la boca.
Yo con mis atónitos ojos,
ella con una suma desconfianza en la mirada.
Ojos, miradas;
claroscuro donde empezar a reconocerse.
El miedo es siempre a lo desconocido.
Yo con mi delgadez entrada en años,
ella con la suya extrema.
No me eché atrás,
ni adelante;
no reculó
ni se dio a la huída.
Ella y yo
en busca de afecto o comida,
en un lugar común donde integrarse.
Uno y una,
restando metros hasta llegar al tacto,
buscándose en las esperas.
No es un amor de verano,
ni una pasión que deba alterar
el resto de las estaciones.
Yo tengo mi casa
en algún lugar del invierno,
ella tiene sus montes
donde sobrevivir
hasta la próxima primavera.
Por supuesto que es un poema de amor,
otro poema de amor,
aunque muchos no lo entiendan.
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