Ricardo R. Ruiz
Poeta que considera el portal su segunda casa
Es ella...lo sé.
Ella se ha puesto su vestido gris,
y sus blancas migas hanse vuelto polvo...
y el polvo es sepultado por el polvo.
Hay una oscuridad espesa,
y la luz de los cirios es arcilla
de las sombras que arquean las flamas:
hay viento de muerte en su mirada.
Sola, va su talle arrastrando,
esa mujer que va llorando...
y su voz es tenue y suspirada,
y mi oído rehuye su canto.
Y mi materia se mece,
y se observa y se aneja,
fija ante los sueños de los vivos,
cuando mis propios sueños están muertos.
-Es la noche- dijo aquel,
llena de espíritus en fuga!
Y los ángeles se aprestan al combate...
Y los corazones tienen frió...
Ella se ha puesto su vestido gris,
y sus blancas migas hanse vuelto polvo...
y el polvo es sepultado por el polvo.
Hay una oscuridad espesa,
y la luz de los cirios es arcilla
de las sombras que arquean las flamas:
hay viento de muerte en su mirada.
Sola, va su talle arrastrando,
esa mujer que va llorando...
y su voz es tenue y suspirada,
y mi oído rehuye su canto.
Y mi materia se mece,
y se observa y se aneja,
fija ante los sueños de los vivos,
cuando mis propios sueños están muertos.
-Es la noche- dijo aquel,
llena de espíritus en fuga!
Y los ángeles se aprestan al combate...
Y los corazones tienen frió...