Sebastian Giraldo
Poeta recién llegado
Escondida en una tristeza el tiempo se le agota, yo la vi pasar una tarde apenas me miró y se ocultó en un recuerdo, los disimulos se le olvidaron en la puerta y su rostro hablaba sin palabras, quise darle un beso y salir a pasear con su sentimiento, pero la vida nos vedó el encuentro.
Silenciosa navegante de olvidos que lastimaron su alma, su barca se hundió una tarde y aprendió a respirar atardeceres en una soledad que le enseñó un camino, donde solo habita ella y nadie más, recostada en el baúl de sus recuerdos llora sin darse cuenta que el tiempo ya pasó.
Se llenó de historias que solo las imaginó, pudo más el miedo y su risa burlona, prefirió hacerle el amor al viento, que es infiel y no tiene sentimiento, cuentan que una tarde de domingo encontró el verdadero amor, pero fue tanto su miedo que ni siquiera cuenta se dio.
El pasado la devoró sin compasión, sus ojos se cansaron de llorar los lamentos de niña, dormida en esa casa repleta de muebles que no le hablan ni le hacen el amor, suspira en unas notas de violín que suenan angelicalmente, sin encuentro y sin pasión se ahoga en el frío invierno donde nadie le comparte su calor.
Alguien te quiso amar pero tu olvido llega con la tarde, a la hora del café cuando la soledad bebe contigo, nadie se llevó tu corazón, pero si tus pensamientos, hay quien asegura haberte visto, cabizbaja pensamiento al hombre.
Silenciosa navegante de olvidos que lastimaron su alma, su barca se hundió una tarde y aprendió a respirar atardeceres en una soledad que le enseñó un camino, donde solo habita ella y nadie más, recostada en el baúl de sus recuerdos llora sin darse cuenta que el tiempo ya pasó.
Se llenó de historias que solo las imaginó, pudo más el miedo y su risa burlona, prefirió hacerle el amor al viento, que es infiel y no tiene sentimiento, cuentan que una tarde de domingo encontró el verdadero amor, pero fue tanto su miedo que ni siquiera cuenta se dio.
El pasado la devoró sin compasión, sus ojos se cansaron de llorar los lamentos de niña, dormida en esa casa repleta de muebles que no le hablan ni le hacen el amor, suspira en unas notas de violín que suenan angelicalmente, sin encuentro y sin pasión se ahoga en el frío invierno donde nadie le comparte su calor.
Alguien te quiso amar pero tu olvido llega con la tarde, a la hora del café cuando la soledad bebe contigo, nadie se llevó tu corazón, pero si tus pensamientos, hay quien asegura haberte visto, cabizbaja pensamiento al hombre.