vronte
Poeta infiel al portal
La calamitosa fauna emocional
que bifurca nuestras cúpulas craneales día tras día;
que nos baña en compasión y falta de auto-valía;
que nos hace pensar en cada cosa que mira: es mía, mía, mía.
Todo mentira, mal urdida, confusa e indeclinablemente ficticia… pero que causa envidia.
Ese dolor punzante que nos hace llorar como una Magdalena rampante;
esa alegría, que nos hace reír en medio de la algarabía….
todo basado en mal gusto, engaño y cobardía… pero que atrae la envidia.
Oh sí, no hay salida, pero aún existe una silente medida.
Hay un lapsus, un espacio de separación
entre el tiempo que el cráneo recibe la luz y la sonora vibración;
justo allí reside un espacio inflanqueable que permanece siempre en un desfase
y lo que llega a tus oídos es lo que verás después de un ínfimo instante.
Y así el escenario de humos y espejos se erige infranqueable,
acepta la mentira y sigue adelante.
El respeto por los muertos,
como si a ellos les importara lo que hoy hacen sus deudos.
La traición de la amante,
como si valiese algo el secreto como estandarte.
Y la pena latente presente por nuestra condición presente,
como si la abulia culpable, fuero otro y no el si-mismo penitente.
Risas que brillan por inconciencia y falta de sensibilidad ante la vida.
Mentiras, mentiras, mentiras.
Hoy llegó el día,
sin amor, sin ambiciones, sin temor y sin desidia,
aceptamos el mundo vacío y libre de toda esperanza,
lidiamos con lo que acontece
y no esperamos un cambio que se exprese.
Nivelamos el juego al no entregar el alma en el ruedo,
no cerramos los ojos, y nos lanzamos al fuego.
Nos abraza la soledad, y el frío es cobijado por el sol que va a surgir,
no mutilamos las esperanzas, ni dejamos de sufrir.
Solo lo aceptamos todo,
sin un solo alarido en desespero que esgrimir.
que bifurca nuestras cúpulas craneales día tras día;
que nos baña en compasión y falta de auto-valía;
que nos hace pensar en cada cosa que mira: es mía, mía, mía.
Todo mentira, mal urdida, confusa e indeclinablemente ficticia… pero que causa envidia.
Ese dolor punzante que nos hace llorar como una Magdalena rampante;
esa alegría, que nos hace reír en medio de la algarabía….
todo basado en mal gusto, engaño y cobardía… pero que atrae la envidia.
Oh sí, no hay salida, pero aún existe una silente medida.
Hay un lapsus, un espacio de separación
entre el tiempo que el cráneo recibe la luz y la sonora vibración;
justo allí reside un espacio inflanqueable que permanece siempre en un desfase
y lo que llega a tus oídos es lo que verás después de un ínfimo instante.
Y así el escenario de humos y espejos se erige infranqueable,
acepta la mentira y sigue adelante.
El respeto por los muertos,
como si a ellos les importara lo que hoy hacen sus deudos.
La traición de la amante,
como si valiese algo el secreto como estandarte.
Y la pena latente presente por nuestra condición presente,
como si la abulia culpable, fuero otro y no el si-mismo penitente.
Risas que brillan por inconciencia y falta de sensibilidad ante la vida.
Mentiras, mentiras, mentiras.
Hoy llegó el día,
sin amor, sin ambiciones, sin temor y sin desidia,
aceptamos el mundo vacío y libre de toda esperanza,
lidiamos con lo que acontece
y no esperamos un cambio que se exprese.
Nivelamos el juego al no entregar el alma en el ruedo,
no cerramos los ojos, y nos lanzamos al fuego.
Nos abraza la soledad, y el frío es cobijado por el sol que va a surgir,
no mutilamos las esperanzas, ni dejamos de sufrir.
Solo lo aceptamos todo,
sin un solo alarido en desespero que esgrimir.
Última edición: