Embriagado del dulce de los pétalos de tus labios,
del almíbar que de aquellos brota pura,
de la miel que me das de libar idónea.
Hechizado de la gama hidironica de tu voz,
de la decencia que se acontece ilustra,
de la efervescencia que se hastria esbelta.
Lascivo eterno a tu cintura, a tus pliegues,
cautivo, seducido, iluso, vano y romántico,
perdido, dichoso, desvanado idolatrado,
ceñido, instigado, cadencioso y nigromante.
Pecaminoso e injurioso acuso tus cabellos al orden,
al lindo páramo que te hermosea, que te blande clásica,
altivo, casto y libido me aferro al seol de tu piel,
al risueño paraje de tus curvas, que se tornean sacras.
Te derrito en mi pecho entre altruisado, veleidoso, encantado,
mientras que desenturiadizado juego con el liso de tus velos,
las cuales ondeo sedicioso entre las dunas de mis linajes
las mismas que permisiosas se tientan al bramar de mis caricias.
Embriagado del cáliz de tu rostro, del límpido de tus mejillas flordelisas,
escudriñado, deslucido, quebrantado, desteñido ante tus pupilas azul nativas,
azorado y pleitizado por el perfume de ébano que nace de tus uñas rosáceas,
mas ahora plazco solo de un mar de agoreros disentimientos que me asfixian
por eso me humillo sin linajes ante tu merced, pues no quise herirte con esto
©Copyright todos los derechos reservados
© Obra protegida por derechos de autor
Con licencia para adaptar y reeditar
del almíbar que de aquellos brota pura,
de la miel que me das de libar idónea.
Hechizado de la gama hidironica de tu voz,
de la decencia que se acontece ilustra,
de la efervescencia que se hastria esbelta.
Lascivo eterno a tu cintura, a tus pliegues,
cautivo, seducido, iluso, vano y romántico,
perdido, dichoso, desvanado idolatrado,
ceñido, instigado, cadencioso y nigromante.
Pecaminoso e injurioso acuso tus cabellos al orden,
al lindo páramo que te hermosea, que te blande clásica,
altivo, casto y libido me aferro al seol de tu piel,
al risueño paraje de tus curvas, que se tornean sacras.
Te derrito en mi pecho entre altruisado, veleidoso, encantado,
mientras que desenturiadizado juego con el liso de tus velos,
las cuales ondeo sedicioso entre las dunas de mis linajes
las mismas que permisiosas se tientan al bramar de mis caricias.
Embriagado del cáliz de tu rostro, del límpido de tus mejillas flordelisas,
escudriñado, deslucido, quebrantado, desteñido ante tus pupilas azul nativas,
azorado y pleitizado por el perfume de ébano que nace de tus uñas rosáceas,
mas ahora plazco solo de un mar de agoreros disentimientos que me asfixian
por eso me humillo sin linajes ante tu merced, pues no quise herirte con esto
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