marquelo
Negrito villero
Empezamos una guerra
Nos despertamos con las balas
cargándonos los ojos
con el estuche que toda sombra
toma en derredor
de las coronas
Y, agazapados con la luna
que se despinta en amores,
esperamos,
a modo de cactus hincando las arenas
el despertar amarillo de los días/
la pretensión musical del abismo
los signos vitales de la nada.
Empezamos una guerra
Tú y yo
cuando nos robaron el himno que grita
en nuestras manos,
la hoja besando el aliento de las plantas
el sello incontrastable de la verdad tajándole la cara.
Empezamos a movernos
entre tormentas movedizas
entre anatemas con perfume de cadáveres
colgados, indistintamente, entre la córnea y duramadre
para hacernos estallar, dinamitarnos
con nuestros huesos enloquecidos de la tarde.
Empezamos esta guerra
que no termina
con los besos dispuestos como migas
con los sonidos disueltos en espuma
con la pretensión honrosa de los pájaros.
Así son estos caminos
estas pecipitaciones que hacen hueco
en el pasado
en las constelaciones,
que absorben
todos los suspiros,
navegando alineados
en las corrientes del deseo.
Es cierto que nos estrechamos
en las plazas de la tierra
en el apetito sonoro de la lluvia
que desemboca en el ardor matinal
de nuetros labios.
Dime que no te rendirás cuando
el sinsabor de las lágrimas hagan costra
en nuestros rostros.
Dime que no te rendirás
cuando el amor deambule en los maderos
para ganar esta guerra.
Dime que no te rendirás cuando
te estalle el holocausto de la duda
Dime que no te rendirás cuando
me veas sangrar palabras de esperanza
para ganar esta guerra
y dejar atrás algo que nos enseñaba
un abismo de baúl
y dejar correr al tiempo sin cojeras...
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