Como mi musa, vienes y te vas.
Me colmas de caprichos otoñales.
Tus primaveras tienen un detrás.
Inviernos y veranos son iguales.
Día a día avejentas mi disfraz
y borras de tu piel satín señales.
Te acabas mis suspiros, mi compás.
Los trinos de las aves son fatales.
Y así las estaciones difuminan
tu entorno de azarosos parpadeos
con vacíos que todo lo dominan.
Si pudieras marcharte sin rodeos
cesarían los ecos que me minan
con tus risas, palabras y jadeos.