Ana María Giordano
Poeta que no puede vivir sin el portal

En el manantial de la vida...
Cuando el reloj detiene el tiempo,
y nos amamos sin cordura
en el mismo secreto de la esencia
a la vera más pura, donde crecen los lirios,
es que nos regalamos:
la estrella de mi aurora,
tu lucero que brilla.
Me quemo por amarte,
y un pudor me atrapa
al estar despojada.
Los rayos de la luna
que me visten de plata,
ya vienen a espiarnos
para que tú me cubras
con el fuego de tus labios.
Y es el perfume de azahares níveos
que encienden con aromas la ternura en el prado,
esa brisa que nos llama
con caricias ardientes
a mutuas seducciones.
Palomas nuestras manos
que buscan en el limbo,
la dulzura soñada...
Tu boca espero en la locura mía,
para saciarme con tus dulces besos,
y para darte mis mejores flores,
las dos corolas blancas
que adornan a mi cuerpo.
Tu tienes el poder de atraparme,
latimos en la misma sinfonía
a pesar de los años transcurridos
los arpegios son delicias.
Y pienso en ti en cada hora
te sueño aunque no duerma.
Se calla el agua que ya fluye tranquila
hacia el lago azul de mis sueños tuyos.
Cae la tarde y yo te siento cerca
llegando por mi espalda,
es ese desearte
esperando que seas, esa sombra que ansío
que esta noche invada mi lecho.
Si tu amas el silencio,
yo la penumbra clara
cuando el crepúsculo despide el día.
Y sigo deseando esas cosas nuestras
las bellas piedras en donde
se nos gravó esta historia.
Nos habita el destino incierto y mudo
en las almas unidas
viviendo nuestro renacer bendito
al sentirnos tan vivos
por estar muy juntos,
amándonos en el manantial
de la vida
Ana María Di Bert Giordano