En el meridiano de una oración

Teo Moran

Poeta fiel al portal
Hoy el verde se tornó oscuro y frío,
las flores desnudas en el angosto jardín
lloran erguidas de un último suspiro,
y sus aromas lejanos con su dulce olor
hoy flamean en la alfombra del rocío
cubriendo con su néctar las piedras
alojadas del alero de este domingo.
¡Y llego con el cardumen del trigal
junto a sus espigas llenas de cereal
dibujando mentalmente a tu figura!
Las partes minúsculas de tu corazón
que son capaces de ocupar sin esfuerzo
las oquedades íntimas del recuerdo.
Rezo en el penacho que da sombra al río
mientras observo a los barbos nadar
ligeros en la corriente fría y de cristal;
no llego a expresar con vehemencia
aquellas gotas que yacen sedientas
de las profundidades del viejo camino,
de las cicatrices lacerantes del chopo,
y de esos breves instantes de libertad
cuando reclamo a tu recuerdo en el alba
mientras a lo lejos con su estruendo
las campanas soliviantan al pueblo
y estos vestidos de domingo van a rezar.
Llevo en el corazón una lacónica canción
que habla del hermoso amor que nos une,
de aquellos días felices y lejanos
donde tú y yo nos hicimos uno;
de una cama deshecha creamos un altar,
de la melodía febril de nuestros besos
forjamos poco a poco nuestra oración,
con los suspiros de nuestras bocas
dimos rienda suelta a nuestra pasión,
pero hoy que camino a solas este domingo
entre unos pétalos oscuros y fríos,
oigo el salmo del río llorar en su lecho
y al águila veloz alejarse a lo lejos,
desaparecer por entre los altares del viento
con la sombra intangible del recuerdo
y con los salmos sagrados de nuestro amor…
¿Volverá el jardín a florecer sin piel
cubierto del rocío moldeable y sediento
si en mi corazón solo se oye una oración
la cual febril me dice cuanto te quiero?
 
Sentido poema dedicas al recuerdo de ese amor que tan unidos os tenía hasta que el destino os separó.

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Hoy el verde se tornó oscuro y frío,
las flores desnudas en el angosto jardín
lloran erguidas de un último suspiro,
y sus aromas lejanos con su dulce olor
hoy flamean en la alfombra del rocío
cubriendo con su néctar las piedras
alojadas del alero de este domingo.
¡Y llego con el cardumen del trigal
junto a sus espigas llenas de cereal
dibujando mentalmente a tu figura!
Las partes minúsculas de tu corazón
que son capaces de ocupar sin esfuerzo
las oquedades íntimas del recuerdo.
Rezo en el penacho que da sombra al río
mientras observo a los barbos nadar
ligeros en la corriente fría y de cristal;
no llego a expresar con vehemencia
aquellas gotas que yacen sedientas
de las profundidades del viejo camino,
de las cicatrices lacerantes del chopo,
y de esos breves instantes de libertad
cuando reclamo a tu recuerdo en el alba
mientras a lo lejos con su estruendo
las campanas soliviantan al pueblo
y estos vestidos de domingo van a rezar.
Llevo en el corazón una lacónica canción
que habla del hermoso amor que nos une,
de aquellos días felices y lejanos
donde tú y yo nos hicimos uno;
de una cama deshecha creamos un altar,
de la melodía febril de nuestros besos
forjamos poco a poco nuestra oración,
con los suspiros de nuestras bocas
dimos rienda suelta a nuestra pasión,
pero hoy que camino a solas este domingo
entre unos pétalos oscuros y fríos,
oigo el salmo del río llorar en su lecho
y al águila veloz alejarse a lo lejos,
desaparecer por entre los altares del viento
con la sombra intangible del recuerdo
y con los salmos sagrados de nuestro amor…
¿Volverá el jardín a florecer sin piel
cubierto del rocío moldeable y sediento
si en mi corazón solo se oye una oración
la cual febril me dice cuanto te quiero?
Emotiva, profunda hondamente bella.

Un lujo leerte compañero.

Un abrazo grande Teo!!
 

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