Carlos José Pedrosa Navas
Poeta recién llegado
Caricias melancólicas y tenues ráfagas de luz,
desnudan tu inocencia brillando al trasluz,
despejan quejidos obligados como tú,
soñando, por eternizar el ataúd.
Lejos el perfume de tu ego,
desmonta toda presa de pánico,
de huellas peldaño a peldaño,
y miento, si digo, que no hace daño.
Desliza la caricia dulce de pesares,
conmovido por eludir los quehaceres,
movido por la duda, que dura,
como un atavío, de sepultura.
De ventaja predican a los dioses,
que muerta, está la palabra,
cometa de alabanzas,
lejanos ruidos, llenan las plazas...
Nido quejoso despoja la comida que le dan,
ya nadie te escucha, cada cual, en su plan,
pero feliz si fui al consumir,
la dicha que otorgan, y el pan...
desnudan tu inocencia brillando al trasluz,
despejan quejidos obligados como tú,
soñando, por eternizar el ataúd.
Lejos el perfume de tu ego,
desmonta toda presa de pánico,
de huellas peldaño a peldaño,
y miento, si digo, que no hace daño.
Desliza la caricia dulce de pesares,
conmovido por eludir los quehaceres,
movido por la duda, que dura,
como un atavío, de sepultura.
De ventaja predican a los dioses,
que muerta, está la palabra,
cometa de alabanzas,
lejanos ruidos, llenan las plazas...
Nido quejoso despoja la comida que le dan,
ya nadie te escucha, cada cual, en su plan,
pero feliz si fui al consumir,
la dicha que otorgan, y el pan...