danie
solo un pensamiento...
Vibra la cumbre, oscila su cresta
por los destilados residuos de los hombres
que se escurren sobre los rieles
deslustrados de la savia sempiterna.
Bajo nuestros aposentos
un alborotero de pardales
navega en el riachuelo del precipicio
frente a la herida mortal de la gravedad.
Estrecha bifurcación de la excelsa
magnificencia del propio ente,
camino del arriero sobre feudos áridos,
desterrados por un Dios, un Dios Atahualpa.
Un Dios que camina sobre las brasas ardientes,
sobre los excretos y las nauseas del avance urbano.
Un molar tambaleando en la cúspide
con la visión del ojo lunar,
arpón de los sentimientos
frente al sonido de esa quena que flota en el mar.
Vibra la cacofonía del imploro
que brota de los labios del ribete.
Visiones seculares del ojo del mogote
diseminadas con el reflejo de las lágrimas autóctonas.
La vida se torna obsoleta frente al altruismo
del sembrado latifundio que albergo el ser humano.
El Dios Atahualpa se revuelca en su sepulcro,
pensando, divagando y cavilando:
¡Todo por lo qué lucho será extinto por la dura mano nevada!
En el ojo del mogote sangra la herida abierta bermejón,
el río flota sobre su propia guarnición
con la nuez atravesada en la garganta del patriarca,
ahogando su extirpe con el smoke weke,
la yerba que crece en el alquitrán,
ese betún de Judea atónito frente a la madriguera del lisiado.
¡Everyday por siempre!
Y el Dios Atahualpa revienta
Y el Dios Atahualpa revienta
por las miserias de la carroña de la bajeza y el desparpajo.