En el ombligo de la luna (Acto 4: Aztlán)

Gabriel Benam

Poeta recién llegado
Toma de mi mano su sangre, oh Matria mía,
torrente de esperanza a tan funesta experiencia,
y llévame al son de marimbas en la Guelaguetza,
que quiero saber de qué carajos va la vida.

Os clamo en un foro calcinado bendición,
oh pasión insurrecta de inmortales vestiduras,
para escalar tu cristo redentor, ¡y sentir
corriendo por mis yemas el ombligo de tu luna!

Aún incongruente no pereces, grave Matria,
como un girasol rebelde erguido entre la noche,
y eres caravana al laberinto que se impone,
del silencio solemne de los puños si se alzan.

Rebanada continental y cráter megadiverso,
columna vertebral de magma en que el Universo
es del ocaso; y la comarca de aves en desliz,
su incomprendida orquesta de miedo a sucumbir.

Y eres toda de sonrisa, desprendida del apego,
tu sabia entalpía no se mofa de grandeza
al violento flujo que perturba: tu belleza
es la medida en que nos ocurren los sucesos.

En primavera tus ojos son dos jacarandas,
en otoño tu pelo mariposas monarca;
al repicar las campanas tu palabra es fuerza
y en fiesta patronal es, tu alma, pirotecnia.

Con tus manos de nube, como un niño, menguas
el rubor eclipsado de un tiempo más maligno
y viertes los húmedos balcones con cariño.

Crepitan a tu cascada de innumerables lenguas,
los suspiros todos que pudiera yo exhalar,
suave falda de arrecife en piel de azúcar morena,
tu voz es del más fino bordadillo de un jaguar.

Caravana: en mi corazón llevo clavado
un camafeo, en que agonizan palpitando
la pena de mis padres y de mis hermanos.

¡Matria! Permíteles que sientan del crujir
glorioso y dulce que alojas en tu vid.

Y en tus cimientos bruscos en que arrojas
al alma mestiza y glacial en confusión,
cálmanos en la vibrante pupila tornasol
de tu inmaculada Selva Lacandona.

Cantar deja al cenzontle tricolor,
revoloteando por tus valles y tus cerros,
y baña mi piel de bronce con cenizas
grises de tus volcanes y tus templos.

Y perdón, si altivo de turquesas
es porque en tu orbe las he observado.
Eres, Historia, irónica rareza,
viento a contracorriente y un huipil alado.

Grave Matria: laurel de buganvilias
traes por ornamento;
chile y cacao por pensamiento.

¡Te pido, con tu braza, cósmica y divina
me moldees de cantera y confitería!​
 
Toma de mi mano su sangre, oh Matria mía,
torrente de esperanza a tan funesta experiencia,
y llévame al son de marimbas en la Guelaguetza,
que quiero saber de qué carajos va la vida.

Os clamo en un foro calcinado bendición,
oh pasión insurrecta de inmortales vestiduras,
para escalar tu cristo redentor, ¡y sentir
corriendo por mis yemas el ombligo de tu luna!

Aún incongruente no pereces, grave Matria,
como un girasol rebelde erguido entre la noche,
y eres caravana al laberinto que se impone,
del silencio solemne de los puños si se alzan.

Rebanada continental y cráter megadiverso,
columna vertebral de magma en que el Universo
es del ocaso; y la comarca de aves en desliz,
su incomprendida orquesta de miedo a sucumbir.

Y eres toda de sonrisa, desprendida del apego,
tu sabia entalpía no se mofa de grandeza
al violento flujo que perturba: tu belleza
es la medida en que nos ocurren los sucesos.

En primavera tus ojos son dos jacarandas,
en otoño tu pelo mariposas monarca;
al repicar las campanas tu palabra es fuerza
y en fiesta patronal es, tu alma, pirotecnia.

Con tus manos de nube, como un niño, menguas
el rubor eclipsado de un tiempo más maligno
y viertes los húmedos balcones con cariño.

Crepitan a tu cascada de innumerables lenguas,
los suspiros todos que pudiera yo exhalar,
suave falda de arrecife en piel de azúcar morena,
tu voz es del más fino bordadillo de un jaguar.

Caravana: en mi corazón llevo clavado
un camafeo, en que agonizan palpitando
la pena de mis padres y de mis hermanos.

¡Matria! Permíteles que sientan del crujir
glorioso y dulce que alojas en tu vid.

Y en tus cimientos bruscos en que arrojas
al alma mestiza y glacial en confusión,
cálmanos en la vibrante pupila tornasol
de tu inmaculada Selva Lacandona.

Cantar deja al cenzontle tricolor,
revoloteando por tus valles y tus cerros,
y baña mi piel de bronce con cenizas
grises de tus volcanes y tus templos.

Y perdón, si altivo de turquesas
es porque en tu orbe las he observado.
Eres, Historia, irónica rareza,
viento a contracorriente y un huipil alado.

Grave Matria: laurel de buganvilias
traes por ornamento;
chile y cacao por pensamiento.

¡Te pido, con tu braza, cósmica y divina
me moldees de cantera y confitería!​
Hermoso poema pleno de ritmo e imágenes maravillosas, muuuuy mexicanas. Un enorme placer leerte. Solo comparable a la "Suave Patria". Luciana.
 
Precio
Toma de mi mano su sangre, oh Matria mía,
torrente de esperanza a tan funesta experiencia,
y llévame al son de marimbas en la Guelaguetza,
que quiero saber de qué carajos va la vida.

Os clamo en un foro calcinado bendición,
oh pasión insurrecta de inmortales vestiduras,
para escalar tu cristo redentor, ¡y sentir
corriendo por mis yemas el ombligo de tu luna!

Aún incongruente no pereces, grave Matria,
como un girasol rebelde erguido entre la noche,
y eres caravana al laberinto que se impone,
del silencio solemne de los puños si se alzan.

Rebanada continental y cráter megadiverso,
columna vertebral de magma en que el Universo
es del ocaso; y la comarca de aves en desliz,
su incomprendida orquesta de miedo a sucumbir.

Y eres toda de sonrisa, desprendida del apego,
tu sabia entalpía no se mofa de grandeza
al violento flujo que perturba: tu belleza
es la medida en que nos ocurren los sucesos.

En primavera tus ojos son dos jacarandas,
en otoño tu pelo mariposas monarca;
al repicar las campanas tu palabra es fuerza
y en fiesta patronal es, tu alma, pirotecnia.

Con tus manos de nube, como un niño, menguas
el rubor eclipsado de un tiempo más maligno
y viertes los húmedos balcones con cariño.

Crepitan a tu cascada de innumerables lenguas,
los suspiros todos que pudiera yo exhalar,
suave falda de arrecife en piel de azúcar morena,
tu voz es del más fino bordadillo de un jaguar.

Caravana: en mi corazón llevo clavado
un camafeo, en que agonizan palpitando
la pena de mis padres y de mis hermanos.

¡Matria! Permíteles que sientan del crujir
glorioso y dulce que alojas en tu vid.

Y en tus cimientos bruscos en que arrojas
al alma mestiza y glacial en confusión,
cálmanos en la vibrante pupila tornasol
de tu inmaculada Selva Lacandona.

Cantar deja al cenzontle tricolor,
revoloteando por tus valles y tus cerros,
y baña mi piel de bronce con cenizas
grises de tus volcanes y tus templos.

Y perdón, si altivo de turquesas
es porque en tu orbe las he observado.
Eres, Historia, irónica rareza,
viento a contracorriente y un huipil alado.

Grave Matria: laurel de buganvilias
traes por ornamento;
chile y cacao por pensamiento.

¡Te pido, con tu braza, cósmica y divina
me moldees de cantera y confitería!​
Precioso!
 

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