Haciendo peldaños con billetes
subiendo una escalera va.
Sube y sube hasta que se detiene
en el rellano de la mezquindad.
Una puerta tiene a cada lado
y sólo a una tiene que llamar.
Una tiene un aspecto arruinado,
la otra un aspecto nada similar.
Antes de llamar a una de las puertas
recoge avaramente los peldaños,
asegurándose que unos extraños
no lleguen por ellos al lugar donde él está.
A una de las puertas llama decididamente
una vez que ha terminado de recoger,
e ignora a la puerta de enfrente
que ahora queda detrás de él.
La lujosa puerta se abre
y pasa lujoso a su interior.
La otra deja paso al hambre,
a la gran miseria y su dolor.
Seguro y tranquilo se encuentra
al otro lado de la puerta lujosa,
sabedor, mas despreocupado, de lo que entra
al otro lado de la puerta menesterosa.
Y he aquí el rellano mezquino
donde la mezquindad da puerta con puerta;
tras una la falta de lo necesitado es el sino,
tras la otra la sobra de la in-necesidad avarienta.
Míseros y avaros:
dos mundos frente a frente;
el segundo se eleva como los pájaros,
el primero se hunde lentamente.
Mas los dos en un mismo rellano
se encuentran paralelos;
uno felizmente cuidándose las manos,
el otro desesperado royéndose los dedos.
subiendo una escalera va.
Sube y sube hasta que se detiene
en el rellano de la mezquindad.
Una puerta tiene a cada lado
y sólo a una tiene que llamar.
Una tiene un aspecto arruinado,
la otra un aspecto nada similar.
Antes de llamar a una de las puertas
recoge avaramente los peldaños,
asegurándose que unos extraños
no lleguen por ellos al lugar donde él está.
A una de las puertas llama decididamente
una vez que ha terminado de recoger,
e ignora a la puerta de enfrente
que ahora queda detrás de él.
La lujosa puerta se abre
y pasa lujoso a su interior.
La otra deja paso al hambre,
a la gran miseria y su dolor.
Seguro y tranquilo se encuentra
al otro lado de la puerta lujosa,
sabedor, mas despreocupado, de lo que entra
al otro lado de la puerta menesterosa.
Y he aquí el rellano mezquino
donde la mezquindad da puerta con puerta;
tras una la falta de lo necesitado es el sino,
tras la otra la sobra de la in-necesidad avarienta.
Míseros y avaros:
dos mundos frente a frente;
el segundo se eleva como los pájaros,
el primero se hunde lentamente.
Mas los dos en un mismo rellano
se encuentran paralelos;
uno felizmente cuidándose las manos,
el otro desesperado royéndose los dedos.