Teo Moran
Poeta fiel al portal
Aquí me hallo, en el solsticio del recuerdo,
en la farándula improvisada del caos.
Me desvela una paupérrima felicidad
y como un necio intento gobernar el mar
con solo los dedos arrugados de sus manos,
pero no me doy cuenta del tsunami,
de las olas destructivas que llevan certeza
a los designios mortificantes del corazón,
solo dejan desesperanza al amante
y como las aves de rapiña juegan felices
con las carnes privativas de la memoria.
Más lejos a cada paso, a cada instante,
enumero las indulgencias de la existencia
y te encuentro caótica en la oración,
entre las sombras de una tarde promiscua
que deja su ropa ajada al pie de la cama.
Más lejos y a veces tan cerca del solsticio,
en custodia de un beso inalcanzable
en la dualidad de un poema interminable;
grito afónico cada letra de tu nombre,
y sé que a cada paso me alejo del abrigo
de un mundo fortuito y desesperante,
ahora todo es deliberado en sus posibles,
la realidad fermenta en el calcáreo verso
donde el amor ya no suspira por los labios,
donde no germina con su fragancia en el alma,
solo es una pincelada de un autorretrato
que el pintor abrumado no quiso terminar,
un solsticio inmortal donde el sol se diluye
entre las grietas inexpugnables del recuerdo.
en la farándula improvisada del caos.
Me desvela una paupérrima felicidad
y como un necio intento gobernar el mar
con solo los dedos arrugados de sus manos,
pero no me doy cuenta del tsunami,
de las olas destructivas que llevan certeza
a los designios mortificantes del corazón,
solo dejan desesperanza al amante
y como las aves de rapiña juegan felices
con las carnes privativas de la memoria.
Más lejos a cada paso, a cada instante,
enumero las indulgencias de la existencia
y te encuentro caótica en la oración,
entre las sombras de una tarde promiscua
que deja su ropa ajada al pie de la cama.
Más lejos y a veces tan cerca del solsticio,
en custodia de un beso inalcanzable
en la dualidad de un poema interminable;
grito afónico cada letra de tu nombre,
y sé que a cada paso me alejo del abrigo
de un mundo fortuito y desesperante,
ahora todo es deliberado en sus posibles,
la realidad fermenta en el calcáreo verso
donde el amor ya no suspira por los labios,
donde no germina con su fragancia en el alma,
solo es una pincelada de un autorretrato
que el pintor abrumado no quiso terminar,
un solsticio inmortal donde el sol se diluye
entre las grietas inexpugnables del recuerdo.