sergio Bermúdez
Poeta que considera el portal su segunda casa
En el tiempo
cuando se fue
la arena del mar,
pude ver que sus orígenes
fueron la sal,
pero que su final
llegó cuando cayó
en un mar
profundo,
disecando
al lugar
entre lágrimas.
Pero a la vez comprobé
que las mareas
querían ser hermanas
porque querían
llegar a su espuma.
El beso era la cura,
el amor era su vena,
el corazón era su letra
entre cada rincón
su oleaje
no pudo ver más allá
de cada hueco.
Operaron al mar,
lo dejaron escuchando
a la música que habita
en los sueños.
No pudo ver
que las poesías
eran su devoción,
que las palabras
eran lo que surgió
entre cada pensamiento.
Llegó a ver
a sus labios
entre la calmada luna,
ella le daba la luz
entre cada campanada
que salía de sus burbujas.
En el tiempo
se descubrió
que las poesías
eran versos
de vidas
hasta que la rima
se acentuó entre las brisas.
El alma de la poesía,
es el paisaje
que recorre
cada lugar
en el soleado brillo
de sus encharcadas esquinas.
En cada luz
había una esperanza
porque el agua
estaba llegando
a su imagen.
El beso estaba lleno
de labios
que impregnaban
a cada huella
entre cada original
aspecto
que dormía al mar
en las olas
para que estas
fueran
su rezo.
La mar era silencio,
el poeta
era su aliento
y su aliento
era la niebla,
bajo la que
los deseos
se iluminarían
entre cada llamada
que le hacían
las corrientes marinas,
para llegar
al compás marinero
cuya voz
era el puente
del amor que ya veo.
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