BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
A una fosa extraña:
así caen mis hijos.
Olvidados, sumamente
tergiversados, derechos
a un paredón, que los comprime
y los azota. Parece
mentira que, aún habiendo sol,
salgan tan ocres y delirantes.
Intento reducir mi paleta
de colores, a su mínima expresión:
azules, pardos, naranjas, rojos.
Y me exaspera tener que explayarme
tanto. Nunca acabo de concluir, con
una certera imagen, o con una reluctante
metáfora, el poema.
Me los trago tal y como son.
Mis hijos, muertos desde un principio,
a nadie emocionan, y a nadie contagian
su entusiasmo.
No puedo decir que me guste escribir:
tengo pasión, tengo contenido, pero
¿y el talento? ¿y la suprema inspiración?
Cuestiones nada baladís, que exacerban
mi ánimo, dejándolo doblegado.
Así, voy de mal en peor, no ignorando
que el mal que me aqueja, no se lleva
ya de moda. Y
parto, con mi dolor, solo, camino
del destierro.
©
así caen mis hijos.
Olvidados, sumamente
tergiversados, derechos
a un paredón, que los comprime
y los azota. Parece
mentira que, aún habiendo sol,
salgan tan ocres y delirantes.
Intento reducir mi paleta
de colores, a su mínima expresión:
azules, pardos, naranjas, rojos.
Y me exaspera tener que explayarme
tanto. Nunca acabo de concluir, con
una certera imagen, o con una reluctante
metáfora, el poema.
Me los trago tal y como son.
Mis hijos, muertos desde un principio,
a nadie emocionan, y a nadie contagian
su entusiasmo.
No puedo decir que me guste escribir:
tengo pasión, tengo contenido, pero
¿y el talento? ¿y la suprema inspiración?
Cuestiones nada baladís, que exacerban
mi ánimo, dejándolo doblegado.
Así, voy de mal en peor, no ignorando
que el mal que me aqueja, no se lleva
ya de moda. Y
parto, con mi dolor, solo, camino
del destierro.
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