En la banca de los recuerdos...

Darmanic

Poeta recién llegado
Donde hablábamos de sueños e ilusiones,
donde planeábamos nuestros proyectos estudiantiles,
donde la acacia fiel confidente nos escuchaba todos los días,
donde comtemplé embelesado alguna noche del cielo Nica,
el azul intenso y las estrellas radiantes del firmamento,
donde todavía suelo refugiarme en mis horas tristes
y donde la magia del pensamiento y la fuerza creadora
de los deseos traen a mi mente la nítida imagen de mis amigos,
cual si fuese el Desfile de Las Rosas o un carnaval carioca
en el país de los Lagos y los Volcanes, desfilan por mi mente
uno a uno los rostros juveniles de aquellos con quienes compartí
tantas penas como alegrias...
Veo a Marcelino Ríos Solís, con su pelo rubio ensortijado
y su rostro de perfil griego,
a Roger Barrera, pálido y enjuto
con su peculiar manera de tartamudear las palabras,
a Roberto Luna, con su madurez temprana
y su timidez de siempre,
a Andrés Meza Laguna, con su cuerpo de atleta
y su sonrisa burlesca de Monalisa,
a Juan Ubeda, correcto y educado como un chico de sociedad,
y Abel Membreño jugando siempre al muchachito raro,
y de pronto ante mis ojos como en una visión celestial
aparecen las flores, las dalias y los jazmines,
las doncellas sensuales de hermosa presencia...
Y veo a Carolina Valle, con su abundante cabellera negra
y sus ojos misteriosos e insondables de princesa árabe,
a María de los Angeles Delgadillo, hermosa e indomable,
con sus formas sensuales como los caminos sinuosos de Guíscanal,
a Luz Marina Balmaceda, tímida y sonriente
con sus grandes ojos negros soñadores,
a María José Bermúdez, frágil y bella
como una blanca azucena o un fragante jazmín...
y de súbito apareces tú, mi amiga y confidente,
la hermosa Fidelina Suárez Moreno, con sus ojos como dos mares
o como el reflejo verde de los Bosques Nicaraguenses,
y todavía escucho la algarabia y el eco de sus risas juveniles
columpiandose sobre la acacia y la vieja Iglesia precolombina
y su hermoso campanario, la torre y el reloj midiendonos el tiempo
y el bello panorama de la ciudad donde nació Rubén Darío
y la banca de los recuerdos derruida por el tiempo y modificada
por la mano del hombre, inamovible y muda como si aun esperase
el cumplimiento de aquella promesa que un día todos juramos,
reunirnos de nuevo en esa banca de los recuerdos
como en nuestros días de colegiales.
 
Última edición:
Hermosos recuerdos quedaron en tu memoria y se agradece los hayas compartido tan generosamente...:::banana:::

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Donde hablábamos de sueños e ilusiones,
donde planeábamos nuestros proyectos estudiantiles,
donde la acacia fiel confidente nos escuchaba todos los días,
donde comtemplé embelesado alguna noche del cielo Nica,
el azul intenso y las estrellas radiantes del firmamento,
donde todavía suelo refugiarme en mis horas tristes
y donde la magia del pensamiento y la fuerza creadora
de los deseos traen a mi mente la nítida imagen de mis amigos,
cual si fuese el Desfile de Las Rosas o un carnaval carioca
en el país de los Lagos y los Volcanes, desfilan por mi mente
uno a uno los rostros juveniles de aquellos con quienes compartí
tantas penas como alegrias...
Veo a Marcelino Ríos Solís, con su pelo rubio ensortijado
y su rostro de perfil griego,
a Roger Barrera, pálido y enjuto
con su peculiar manera de tartamudear las palabras,
a Roberto Luna, con su madurez temprana
y su timidez de siempre,
a Andrés Meza Laguna, con su cuerpo de atleta
y su sonrisa burlesca de Monalisa,
a Juan Ubeda, correcto y educado como un chico de sociedad,
y Abel Membreño jugando siempre al muchachito raro,
y de pronto ante mis ojos como en una visión celestial
aparecen las flores, las dalias y los jazmines,
las doncellas sensuales de hermosa presencia...
Y veo a Carolina Valle, con su abundante cabellera negra
y sus ojos misteriosos e insondables de princesa árabe,
a María de los Angeles Delgadillo, hermosa e indomable,
con sus formas sensuales como los caminos sinuosos de Guíscanal,
a Luz Marina Balmaceda, tímida y sonriente
con sus grandes ojos negros soñadores,
a María José Bermúdez, frágil y bella
como una blanca azucena o un fragante jazmín...
y de súbito apareces tú, mi amiga y confidente,
la hermosa Fidelina Suárez Moreno, con sus ojos como dos mares
o como el reflejo verde de los Bosques Nicaraguenses,
y todavía escucho la algarabia y el eco de sus risas juveniles
columpiandose sobre la acacia y la vieja Iglesia precolombina
y su hermoso campanario, la torre y el reloj midiendonos el tiempo
y el bello panorama de la ciudad donde nació Rubén Darío
y la banca de los recuerdos derruida por el tiempo y modificada
por la mano del hombre, inamovible y muda como si aun esperase
el cumplimiento de aquella promesa que un día todos juramos,
reunirnos de nuevo en esa banca de los recuerdos
como en nuestros días de colegiales.

Espacios y aspectos que recreados responden
a esos recuerdos de vida. el poema se vacia
en unas bellas descripciones creadon asi un
vuelo de necesidad y cariño. felicidades por
las expresiones reales del poema.
luzyabsenta
 

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