GABRIEL GUILLERMO
Poeta recién llegado
Un ladrón disfrazado de Papá Noel
me dijo que en las cajas fuertes
se guardan cosas de valor
y cosas que conviene esconder.
Un Papá Noel disfrazado de policía
me dijo que hay regalos
que no quisiera dar
y otros que nadie se atreve a pedir.
Un médico disfrazado de vendedor ambulante
me dijo que hay dolores
que se alivian con recetas
y otros que empeoran
cuando se los nombra.
Un vendedor ambulante disfrazado de promesa
me dijo que todo alcanza
si no mirás demasiado
ni preguntás de qué está hecho.
Tres borrachos disfrazados de Reyes Magos
me dijeron que no hay mejor bebida que un beso
y nada peor que aquello
que no se puede pagar.
Tres Reyes Magos disfrazados de árbitros de fútbol
me dijeron que el penal del último minuto
no debió cobrarse
y que la mano en el área
no siempre es penal.
Un político disfrazado de vecino
me dijo que el problema
siempre vive en la otra cuadra
y que conviene saludarlo
disimuladamente.
Un vecino disfrazado de frontera
me dijo que se puede ver hasta acá
y que más allá
no hay nada que mirar.
Un juez disfrazado de amigo
me dijo que la verdad
depende del color de ojos
y de quién paga el café.
Un amigo disfrazado de testigo
me dijo que no vio nada
pero recuerda
lo que le conviene.
Un cura disfrazado de taxista
me dijo que la fe
cambia de precio según la hora
y que casi nadie paga
con cambio justo.
Un taxista disfrazado de confesor
me dijo que el camino más corto
nunca es el más barato
cuando alguien espera.
Un maestro disfrazado de alumno
me dijo que aprender
es fingir atención
hasta que algo duele
o impresiona.
Un alumno disfrazado de futuro
me dijo que ya llegó tarde
antes de empezar la clase
que todavía no existe.
Un poeta disfrazado de silencio
no me dijo nada,
pero me quiso cobrar igual.
Un silencio disfrazado de poema
me dijo todo
o casi todo
sin decir una palabra
G.G.G.
MAYO/2026
me dijo que en las cajas fuertes
se guardan cosas de valor
y cosas que conviene esconder.
Un Papá Noel disfrazado de policía
me dijo que hay regalos
que no quisiera dar
y otros que nadie se atreve a pedir.
Un médico disfrazado de vendedor ambulante
me dijo que hay dolores
que se alivian con recetas
y otros que empeoran
cuando se los nombra.
Un vendedor ambulante disfrazado de promesa
me dijo que todo alcanza
si no mirás demasiado
ni preguntás de qué está hecho.
Tres borrachos disfrazados de Reyes Magos
me dijeron que no hay mejor bebida que un beso
y nada peor que aquello
que no se puede pagar.
Tres Reyes Magos disfrazados de árbitros de fútbol
me dijeron que el penal del último minuto
no debió cobrarse
y que la mano en el área
no siempre es penal.
Un político disfrazado de vecino
me dijo que el problema
siempre vive en la otra cuadra
y que conviene saludarlo
disimuladamente.
Un vecino disfrazado de frontera
me dijo que se puede ver hasta acá
y que más allá
no hay nada que mirar.
Un juez disfrazado de amigo
me dijo que la verdad
depende del color de ojos
y de quién paga el café.
Un amigo disfrazado de testigo
me dijo que no vio nada
pero recuerda
lo que le conviene.
Un cura disfrazado de taxista
me dijo que la fe
cambia de precio según la hora
y que casi nadie paga
con cambio justo.
Un taxista disfrazado de confesor
me dijo que el camino más corto
nunca es el más barato
cuando alguien espera.
Un maestro disfrazado de alumno
me dijo que aprender
es fingir atención
hasta que algo duele
o impresiona.
Un alumno disfrazado de futuro
me dijo que ya llegó tarde
antes de empezar la clase
que todavía no existe.
Un poeta disfrazado de silencio
no me dijo nada,
pero me quiso cobrar igual.
Un silencio disfrazado de poema
me dijo todo
o casi todo
sin decir una palabra
G.G.G.
MAYO/2026