En la calma aparente de la mar agitada
se urden infaustos todos los declamados atardeceres
mientras tus abrazos arden en una justificación sin precedentes
dignos de emulación apresurada en la huida consiguiente.
Con mis propias manos liberaré a los esclavos
al margen de las conclusiones que en el despropósito coinciden,
contemporáneos pasivos de todos los sacerdotes,
procuradores gustosos de que nadie pronuncie tu nombre.
Agua marina silvestre entre palabras abreviadas
el ámbar de tus pupilas en distintas versiones aparece,
precursor que predijo la profecía del profeta
que de haberte conocido señalaría la fecha de tu muerte.
Podríamos acabar así,
para deleite de los sin nombre,
la ausencia del verbo la curiosidad despierta
entre los más hieráticos versados en sabiduría humana,
pero nosotros estamos acostumbrados a delinear el agua suspendida:
desentrañar la verdad sobrevenida nunca estuvo al alcance de los hombres.
Leo
se urden infaustos todos los declamados atardeceres
mientras tus abrazos arden en una justificación sin precedentes
dignos de emulación apresurada en la huida consiguiente.
Con mis propias manos liberaré a los esclavos
al margen de las conclusiones que en el despropósito coinciden,
contemporáneos pasivos de todos los sacerdotes,
procuradores gustosos de que nadie pronuncie tu nombre.
Agua marina silvestre entre palabras abreviadas
el ámbar de tus pupilas en distintas versiones aparece,
precursor que predijo la profecía del profeta
que de haberte conocido señalaría la fecha de tu muerte.
Podríamos acabar así,
para deleite de los sin nombre,
la ausencia del verbo la curiosidad despierta
entre los más hieráticos versados en sabiduría humana,
pero nosotros estamos acostumbrados a delinear el agua suspendida:
desentrañar la verdad sobrevenida nunca estuvo al alcance de los hombres.
Leo
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