Leonardo Velecela
Poeta que considera el portal su segunda casa
En esta casa vieja
de historias y de lágrimas,
envuelto en telarañas y polvo del pasado,
vivo envuelto en nostalgias
de deseos pasajeros, que vienen a diario
escondidos en el alba.
Es un tiempo tarde, un poco más temprano,
las voces, la música
duerme el día, descansan mis anhelos
en mi lecho descuidado.
Mis trapos, mis camisas,
duermen solos en rincones conocidos,
y yo tan solo escribo, mirando el tiempo pasar
junto a la gente, con su rebaño de niños,
con sus penas ocultas en sus lágrimas
que han muerto en la costumbre.
En esta casa vieja de historias pasajeras,
de fiestas de cumpleaños, de parrilladas vespertinas,
también existen duelos por mi abuelo, por mi padre,
que estuvieron y se fueron, se han quedado sus recuerdos.
En este sitio impropio viví soñando,
con carruajes mágicos, con castillos dorados,
pelee mil batallas, morí de continuo
y vivo eternamente.
En la casa de mi infancia, donde planee tantos sueños,
donde construí mis primeros versos,
y derrame mis primeras lágrimas,
he vuelto hoy después de tanto tiempo,
y todo sigue igual, aun escucho el eco de
las risas de mi padre, su voz de estruendo y miedo,
los ojos de mi madre aun están, aun hoy, me miro corriendo,
jugando con mi hermano, pateando a la pelota de trapo,
viviendo, soñando, riendo y llorando,
en esta casa vieja, de historias y de lagrimas.
Leonardo V.
de historias y de lágrimas,
envuelto en telarañas y polvo del pasado,
vivo envuelto en nostalgias
de deseos pasajeros, que vienen a diario
escondidos en el alba.
Es un tiempo tarde, un poco más temprano,
las voces, la música
duerme el día, descansan mis anhelos
en mi lecho descuidado.
Mis trapos, mis camisas,
duermen solos en rincones conocidos,
y yo tan solo escribo, mirando el tiempo pasar
junto a la gente, con su rebaño de niños,
con sus penas ocultas en sus lágrimas
que han muerto en la costumbre.
En esta casa vieja de historias pasajeras,
de fiestas de cumpleaños, de parrilladas vespertinas,
también existen duelos por mi abuelo, por mi padre,
que estuvieron y se fueron, se han quedado sus recuerdos.
En este sitio impropio viví soñando,
con carruajes mágicos, con castillos dorados,
pelee mil batallas, morí de continuo
y vivo eternamente.
En la casa de mi infancia, donde planee tantos sueños,
donde construí mis primeros versos,
y derrame mis primeras lágrimas,
he vuelto hoy después de tanto tiempo,
y todo sigue igual, aun escucho el eco de
las risas de mi padre, su voz de estruendo y miedo,
los ojos de mi madre aun están, aun hoy, me miro corriendo,
jugando con mi hermano, pateando a la pelota de trapo,
viviendo, soñando, riendo y llorando,
en esta casa vieja, de historias y de lagrimas.
Leonardo V.
[MUSICA]http://www.mexicolindo.org.mx/midi/intermezzo.mid[/MUSICA]
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