En la cuidad que habito
llueve
como si el mar
se saliera de cuajo
de un enojo
de una cárcel de cangrejos.
A veces la cuidad en la penumbra
parece ser una película
de esas de enamorados
y finales tristes.
Hay flores silvestres
que pintan los famosos
en sus cuadros
que luego cuelgan
en grandes galerías.
Iglesias de madera
que crujen
con el viento
siempre un campanario
que repica
y llama
hacer comunidad
en domingo
aunque aquí
ya nadie asista
su llamada.
Por ahora puedo
distinguir la tristeza
en una barca que navega
los canales de las pequeñas
islas
en un día como hoy
donde he zurcido el corazón
de cada gaviota
que no encontró su nube.
llueve
como si el mar
se saliera de cuajo
de un enojo
de una cárcel de cangrejos.
A veces la cuidad en la penumbra
parece ser una película
de esas de enamorados
y finales tristes.
Hay flores silvestres
que pintan los famosos
en sus cuadros
que luego cuelgan
en grandes galerías.
Iglesias de madera
que crujen
con el viento
siempre un campanario
que repica
y llama
hacer comunidad
en domingo
aunque aquí
ya nadie asista
su llamada.
Por ahora puedo
distinguir la tristeza
en una barca que navega
los canales de las pequeñas
islas
en un día como hoy
donde he zurcido el corazón
de cada gaviota
que no encontró su nube.
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