anaximandro
Poeta recién llegado
La luz se desvanece en la mortecina penumbra de la llama
que parpadea arrullada por la brisa.
La distancia es apenas un círculo sin diámetro
en que el vacío se instala despojando de su centro la consciencia del ser.
Ni la amorosa mirada de la muerte
se atreve a calcinar el silencio que se abisma en una eternidad de nada.
Un recuerdo estalla en la lágrima que aflora
y la imagen despoja de vestido y sustancia la realidad del tiempo.
No cabe en el puño el corazón
ni el grito en la garganta que se arrastra en la base del muro.
Camina la sombra hambrienta de vida
del brazo del sueño que mendiga la ausencia de siempre y de lo mismo.
Ni un fuego fatuo se acerca a consolarla.
Negra y estéril la escoria se disuelve en el polvo
y en la lluvia corren oscuros los anhelos.
¡Cuánta desesperanza!
¡Cuánta desolación en el peso de sus pasos!
que parpadea arrullada por la brisa.
La distancia es apenas un círculo sin diámetro
en que el vacío se instala despojando de su centro la consciencia del ser.
Ni la amorosa mirada de la muerte
se atreve a calcinar el silencio que se abisma en una eternidad de nada.
Un recuerdo estalla en la lágrima que aflora
y la imagen despoja de vestido y sustancia la realidad del tiempo.
No cabe en el puño el corazón
ni el grito en la garganta que se arrastra en la base del muro.
Camina la sombra hambrienta de vida
del brazo del sueño que mendiga la ausencia de siempre y de lo mismo.
Ni un fuego fatuo se acerca a consolarla.
Negra y estéril la escoria se disuelve en el polvo
y en la lluvia corren oscuros los anhelos.
¡Cuánta desesperanza!
¡Cuánta desolación en el peso de sus pasos!
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