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En la otra vida te contaré de mi vida

penabad57

Poeta veterano en el portal
El blanco es el color de la indiferencia.

Su cuerpo, como en una lección de anatomía,
trasluce la osamenta bajo los pliegues de la piel.

Algo murmura, sus vocales son tristes,
si se agita el dolor clava alfileres de enfermedad
en los miembros enflaquecidos.

Nunca me habló como un padre,
yo noto su culpa, la urgencia que se muestra en los ojos,
en las manos temblorosas.

“Pareces un bicho atrapado por los cables de una máquina vengativa”, pienso yo.

“No es tan mayor, solo que fumaba mucho”, dijo la visita.

La habitación, los pasillos, huelen a desinfectante,
el calor se pega a la ropa como un labio húmedo.

Le dejan doce minutos para caminar hasta el vestíbulo,
torpemente se levanta, arrastrando las vías de plástico.

“Ven, por favor”, dice, en un susurro.

Como si de verdad le importara me pregunta por los estudios,
cómo estoy, qué planes tengo.

Al final solo repite dos palabras: “tu madre…”
Digo que "sí", que "lo sé", con la seguridad fingida de un mal actor.

El futuro es un amanecer ignoto, en qué lugar, de qué manera, con quién…

Creo que él ya no podrá conocerlo.

¿Y yo?






 
Última edición:
El blanco es el color de la indiferencia.

Su cuerpo, como en una lección de anatomía,
descubre la osamenta bajo los pliegues de la piel.

Algo murmura, sus vocales son tristes,
si se agita el dolor clava alfileres de enfermedad
en los miembros enflaquecidos.

Nunca me habló como un padre,
yo noto su culpa, la urgencia que se muestra en los ojos,
en las manos temblorosas.

“Pareces un bicho atrapado por los cables de una máquina vengativa”, pienso yo.

“No es tan mayor, solo que fumaba mucho”, dijo la visita.

La habitación, los pasillos, huelen a desinfectante,
el calor se pega a la ropa como un labio húmedo.

Le dejan quince minutos para caminar hasta el vestíbulo,
torpemente se levanta, arrastrando los tubos.

“Ven, por favor”, me dice.
"Ahora tú eres el niño, papá".

Como si de verdad le importara me pregunta por los estudios,
cómo estoy, qué planes tengo.

Al final solo repite dos palabras: “tu madre…”
Digo que sí con la seguridad fingida del mal actor.

El futuro es un amanecer ignoto, en qué lugar, de qué manera, con quién…
eso ya no podrá saberlo.





Esa blancura que abre tu poema ya es un indicador de lo que viene. También los asépticos pasillos, las batas blancas que se mueven como presencias fantasmales. Sin embargo, no maquillas el momento con los rituales catárticos de la despedida, de las confesiones, del arrepentimiento y la redención. Y la blancura se cierra sin dejar una costura.
Compañero Penaba, me ha impresionado sobremanera la lectura de tu poema. Lo que dice, cómo lo dice y aun lo que sugiere. Poesía cargada de humanidad.
Muchas gracias por compartir. Comparto contigo un fuerte abrazo.
 
Esa blancura que abre tu poema ya es un indicador de lo que viene. También los asépticos pasillos, las batas blancas que se mueven como presencias fantasmales. Sin embargo, no maquillas el momento con los rituales catárticos de la despedida, de las confesiones, del arrepentimiento y la redención. Y la blancura se cierra sin dejar una costura.
Compañero Penaba, me ha impresionado sobremanera la lectura de tu poema. Lo que dice, cómo lo dice y aun lo que sugiere. Poesía cargada de humanidad.
Muchas gracias por compartir. Comparto contigo un fuerte abrazo.
Gracias, Martín, por leer y por el interesante comentario que dejas. Un abrazo, amigo.
 
De lo mejor que he leído últimamente y no es que lea mucho, pero este en particular me ha gustado demasiado :)
 
El blanco es el color de la indiferencia.

Su cuerpo, como en una lección de anatomía,
trasluce la osamenta bajo los pliegues de la piel.

Algo murmura, sus vocales son tristes,
si se agita el dolor clava alfileres de enfermedad
en los miembros enflaquecidos.

Nunca me habló como un padre,
yo noto su culpa, la urgencia que se muestra en los ojos,
en las manos temblorosas.

“Pareces un bicho atrapado por los cables de una máquina vengativa”, pienso yo.

“No es tan mayor, solo que fumaba mucho”, dijo la visita.

La habitación, los pasillos, huelen a desinfectante,
el calor se pega a la ropa como un labio húmedo.

Le dejan doce minutos para caminar hasta el vestíbulo,
torpemente se levanta, arrastrando las vías de plástico.

“Ven, por favor”, dice, en un susurro.

Como si de verdad le importara me pregunta por los estudios,
cómo estoy, qué planes tengo.

Al final solo repite dos palabras: “tu madre…”
Digo que "sí", que "lo sé", con la seguridad fingida de un mal actor.

El futuro es un amanecer ignoto, en qué lugar, de qué manera, con quién…

Creo que él ya no podrá conocerlo.

¿Y yo?





Un sorbo de dolor, un lienzo que se repite, unos ojos, unos del alma que se inundan; y allí queda... en su vacilante intensión un "te quiero", un queloide en lo profundo. Qué sentido y bello poema. Saludos.
 
Un poema que nos nubla la mirada mi querido Ramón, la vida nos
pasa y sólo en los momentos extremos llegamos a cuestionarnos, no
se que decirte de toda esta soledad espiritual que que intuyo en tus
letras. Gracias por compartirlas en el foro. Besitos apretados en tus
mejillas.
 

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