sergio Bermúdez
Poeta que considera el portal su segunda casa
Es en las noches cuando Clader Fierro durmió a los monstruos de horribles mundos, que hicieron soñar a las tumbas de piedra y durmieron a los días de un plumazo en vísperas de una noche de llamas y locuras.
Cuando las campanas de la muerte súbita tocaron las agujas del reloj y mostraron sus más horribles crímenes, que hicieron derretir a los santuarios con terribles terremotos. Los enanos jorobados sacaron sus espadas y se las clavaron a los vampiros mezclados con cuerpos de leones y rayaron a los suelos y nacieron gusanos gigantes que comieron las piedras del terreno, para que ninguna bala los clavara al ostracismo.
Clader Fierro era un campesino de un campo llamado campestrino, y clavaba balas de pistola con sus manos como si fueran clavos a estos seres repugnantes.
Las iglesias tenían alarmas llamadas alarmiuter. El cura se llamaba Agnesio Bigobontes y sacaba su capa de drácula, pues tenía los cáliz de sangre maldecidos, y hacia que la gente se convirtiera en llama y se cristalizara su mente salíendo liquido penetrado con cristales, y de ahí salían Binofontes, que eran unos elefantes con cuerpos deshuesados y que se hacían liquido restableciendo sus energías, para así hacer nacer a sus colmillos e hincárselos a los seres del malvado Cuatradornatus, el demonio de las llamas del diablo que hacían sangrar las cristaleras de la iglesia.
Los clavos de Cristo eran la única salvación para salvarse, y así el más allá se dirigió a la tierra con bocanadas de humo y salían Ligomatniacos, que eran unas aves con dientes de murciélago que destrozaban los campanarios y marcaban los números de la muerte hecha pesadilla, pues hasta los condes del vino se cicatrizaban las cejas para poder ser tan inmortales como un alma en pena.
Cuando las campanas de la muerte súbita tocaron las agujas del reloj y mostraron sus más horribles crímenes, que hicieron derretir a los santuarios con terribles terremotos. Los enanos jorobados sacaron sus espadas y se las clavaron a los vampiros mezclados con cuerpos de leones y rayaron a los suelos y nacieron gusanos gigantes que comieron las piedras del terreno, para que ninguna bala los clavara al ostracismo.
Clader Fierro era un campesino de un campo llamado campestrino, y clavaba balas de pistola con sus manos como si fueran clavos a estos seres repugnantes.
Las iglesias tenían alarmas llamadas alarmiuter. El cura se llamaba Agnesio Bigobontes y sacaba su capa de drácula, pues tenía los cáliz de sangre maldecidos, y hacia que la gente se convirtiera en llama y se cristalizara su mente salíendo liquido penetrado con cristales, y de ahí salían Binofontes, que eran unos elefantes con cuerpos deshuesados y que se hacían liquido restableciendo sus energías, para así hacer nacer a sus colmillos e hincárselos a los seres del malvado Cuatradornatus, el demonio de las llamas del diablo que hacían sangrar las cristaleras de la iglesia.
Los clavos de Cristo eran la única salvación para salvarse, y así el más allá se dirigió a la tierra con bocanadas de humo y salían Ligomatniacos, que eran unas aves con dientes de murciélago que destrozaban los campanarios y marcaban los números de la muerte hecha pesadilla, pues hasta los condes del vino se cicatrizaban las cejas para poder ser tan inmortales como un alma en pena.
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