sergio Bermúdez
Poeta que considera el portal su segunda casa
Entre las orillas en donde los ardores se hacían de fuego, soplaban las tormentas que generaban la maldad de los vientos huracanados de las orillas de los infiernos, en donde las pulgas eran ardores en truenos y así se harían saber que las mañanas de los apuros, las cuales eran mitad maldiciones de las voces de un tiempo muy atrás, pues las bestias de los pasados años de donde los magos se apuntaban vidas en sus cálculos mentales, que depositaban esa crueldad de los ardores que arrasaban con el universo y se haría metal la cuesta de las batallas que propagaban miles de dolores hacia el más terrible de los universos fanáticos de los reyes de Ésparmer, pues las olimpiadas de los guerreros eran la verdadera fiereza contra los tiempos, esos que besaban la luz de las atmósferas y eso, con soplidos de grandes montañas que depositaban sus granos en la atmósfera que repartía rayos y más rayos, que volvían locos a los muertos de las cárceles del cementerio y más allá en donde la sangre era la bestia, de los más crueles suelos de arte gótico y las estatuas de las gárgolas donde Clader Fierro visitaba a sus seres queridos y más allá de las verdaderas leyes del mundo, no había más que penuria y dolor, pues hasta las manos de los reyes de Alcornes un país parecido a la edad media, y en donde se encontraban las mayores brujerías y demás guerreros de los pueblos de Álquedor, que era un mago Semifusionado con los lagos de Alqueters, pues estas eran unas aguas impresionantes vistas desde su calidad y grandeza depositada en las más largas caminatas de los mundos de Orquestor un malvado policía corrupto que detenía a las mujeres y las clavaba en el aire para hacerlas sufrir de un modo violento y que quedaban ocultas bajo el sol saciado en el espíritu de un túnel de muerte que sangraba bajo las heridas de miles de personas unidas por la corona de Grandemáno el extraterrestre, pues este era una fiereza descomunal, unas alas que le salían y les hacía destruir el siglo de piedra, pero Celder Fierro salía de una forma en la que la lucha era el sabor de un mundo que destruía sus murallas para descolocar a las palabras poco visibles en el tiempo, que hacían tocar a los escalofríos y de mas presas de la confusión universal, además los Pistógramos, que eran pistoleros de los servicios de los bares, pues allí atentaban contra las victimas perseguidas por las mafias, pero el héroe llamado Celder Fierro sabía perfectamente que más allá de sus técnicas de combate, podría salvar al mundo con los Derdatos Cotinuátodos, unos dardos de visibilidad archidifundidos por las palabras de un sacerdote con cuerpo de calavera y nariz de mosquito y ojos de mosca sangrando y derritiéndose en las barbas de algas y más repugnantes destrozos de las más que probable y grandiosa coronación que hacía que las alarmas alarmiuter pudieran ser los símbolos de las llamadas del más allá.
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