jg-miguel
Poeta que considera el portal su segunda casa
A la caida de la tarde
por las playas de poniente
iba caminando un día,
absorto en mis pensamientos
iba metido en mi vida.
Entre saltos de agua clara,
entre reflejos de luna,
entre olas de poniente.
Unos ojos me miraban,
unos ojos negros tristes
con la mirada encendida,
con la mirada valiente.
Quise llegar hasta éllos,
quise que fueran mi guía
quise que fueran mi suerte,
queria bañarme en su brisa
alimentarme en sus días
retenerlos en mi mente.
Entre las olas rizadas
los ojos se me perdían,
los ojos no se veían
se escapaban a mi suerte.
Desde entonces aquella tarde
a la playa de poniente
acudo todos los días,
con el sol a mis espaldas
recorriéndome la playa
buscándolos cada día.
Son los ojos de mi vida,
son los ojos de mi suerte,
son los ojos de mi muerte.
A la playa de poniente
acudo cada mañana
donde me han robado el alma;
esos ojos que me miran,
esos ojos que me pueden.
por las playas de poniente
iba caminando un día,
absorto en mis pensamientos
iba metido en mi vida.
Entre saltos de agua clara,
entre reflejos de luna,
entre olas de poniente.
Unos ojos me miraban,
unos ojos negros tristes
con la mirada encendida,
con la mirada valiente.
Quise llegar hasta éllos,
quise que fueran mi guía
quise que fueran mi suerte,
queria bañarme en su brisa
alimentarme en sus días
retenerlos en mi mente.
Entre las olas rizadas
los ojos se me perdían,
los ojos no se veían
se escapaban a mi suerte.
Desde entonces aquella tarde
a la playa de poniente
acudo todos los días,
con el sol a mis espaldas
recorriéndome la playa
buscándolos cada día.
Son los ojos de mi vida,
son los ojos de mi suerte,
son los ojos de mi muerte.
A la playa de poniente
acudo cada mañana
donde me han robado el alma;
esos ojos que me miran,
esos ojos que me pueden.