En lo más hondo de mi garganta.

un poema muy profundo, un ahogo que a veces nos vemos desmayar, besos
En lo más hondo de mi garganta dolorida,

ves que habita la viva flor de amarga cicuta.

Como sombra de piedra que vive y no se inmuta,

siento así yo latir las ansias de mi vida.


Que mi alegría solamente en la pena anida,

abriendo se ella paso por esa oscura ruta

del réprobo sentir inconsciente que al alma amputa,

hasta dejarla exangüe de llanto sin herida.


Maldita la existencia que me acecha y envuelve,

en el blanco algodón que trae mi pensamiento.

Como a la orilla el agua, empujada por el viento.


Barquito que se va pero que al final vuelve,

golpeando con fuerza. Nuestro pecho está hundido,

en la ciénaga gris donde habita el olvido.
 
En lo más hondo de mi garganta dolorida,

ves que habita la viva flor de amarga cicuta.

Como sombra de piedra que vive y no se inmuta,

siento así yo latir las ansias de mi vida.


Que mi alegría solamente en la pena anida,

abriendo se ella paso por esa oscura ruta

del réprobo sentir inconsciente que al alma amputa,

hasta dejarla exangüe de llanto sin herida.


Maldita la existencia que me acecha y envuelve,

en el blanco algodón que trae mi pensamiento.

Como a la orilla el agua, empujada por el viento.


Barquito que se va pero que al final vuelve,

golpeando con fuerza. Nuestro pecho está hundido,

en la ciénaga gris donde habita el olvido.
Profundas letras nos dejas Francisco en este poema que llega
al lector con mucha fuerza para disfrutar de una sentida
y fluida lectura de principio a fin. Ha sido un placer poder
pasar por tus letras. Besos y un abrazo. Tere
 
En lo más hondo de mi garganta dolorida,

ves que habita la viva flor de amarga cicuta.

Como sombra de piedra que vive y no se inmuta,

siento así yo latir las ansias de mi vida.


Que mi alegría solamente en la pena anida,

abriendo se ella paso por esa oscura ruta

del réprobo sentir inconsciente que al alma amputa,

hasta dejarla exangüe de llanto sin herida.


Maldita la existencia que me acecha y envuelve,

en el blanco algodón que trae mi pensamiento.

Como a la orilla el agua, empujada por el viento.


Barquito que se va pero que al final vuelve,

golpeando con fuerza. Nuestro pecho está hundido,

en la ciénaga gris donde habita el olvido.
La melancolía viste elegantemente tu versar y la belleza lo adorna al trasmitir ese dolor, he disfrutado mucho tu poema, saludos cordiales.
 
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