Ansel Arenas
Poeta que considera el portal su segunda casa
En los acantilados...
En los acantilados,
llena de la muerte negra
la tarde va disimulando
su fiebre de siluetas grises.
En el manglar agonizan,
entre un vaho oleaginoso
gaviotas y peces tristes.
El viento al réquiem lleva
anémonas amarillas,
y algas color de mar.
Entre el duelo y el disgusto,
en los acantilados
chocan su dolor las olas,
violentas hasta el suicidio,
y en cada marejada
en un rito interminable
de caracoles y sal,
ellas corren a la muerte
con sus espumas de amor.
En los acantilados,
llena de la muerte negra
la tarde va disimulando
su fiebre de siluetas grises.
En el manglar agonizan,
entre un vaho oleaginoso
gaviotas y peces tristes.
El viento al réquiem lleva
anémonas amarillas,
y algas color de mar.
Entre el duelo y el disgusto,
en los acantilados
chocan su dolor las olas,
violentas hasta el suicidio,
y en cada marejada
en un rito interminable
de caracoles y sal,
ellas corren a la muerte
con sus espumas de amor.