-En los huesos-
En los huesos enfrentamos este invierno
hipotecado,
a la espera de que alguien,
quien sea,
nos alimente.
En los huesos
arrastramos los pies
y la frente
por el suelo
que aún nos queda,
hasta que nos arranquen de la tierra.
Somos esqueletos
en ambulancias vacías,
mudas sus sirenas,
nos transportan por vías
que no conocimos nunca
excepto en los recuerdos
de nuestros abuelos.
Esqueletos de calcio anestesiado,
dormitando sobre las camillas
sin mayor reacción ni rastro
de nuestra carne desprendida.
Ambulancias enloquecidas
que se pierden en llorosos callejones
evitando destinos más oscuros
que penetren en el vientre del futuro.
Huesos hambrientos
temerosos del reflejo
que proyecta nuestra vida.
Desde las cuencas negras
la calavera observa inquieta
las promesas de grasientas lenguas
que aletean en rededor.
Promesas que agazapadas
nos trajeron a Troya
ocultas en caballos de esperanza
mezclada en la cicuta.
¿Adónde nos han traído?
¿Quién les dio permiso
para desollar nuestra piel?
España cadavérica,
ejército de huesos
de carnosa dignidad
no te caigas todavía,
no te ahorques en la ruina,
no aceptes más dietas,
no te venzas,
no te rindas.
No te caigas,
no te duermas,
no te derrames por la herida.
Hombro con hombro,
clavícula con clavícula,
juntos alimentando
las raíces de los cipreses.
España cadavérica,
ejército de huesos,
erguidos esqueletos,
nos cambiaron el cielo
por este cementerio,
que al menos sea nuestro,
algo propio,
como el gélido aliento
con que besamos a este invierno.
En las lápidas escribiremos
los nombres de los vivos
que engordaron
alimentándose de nuestros restos.
Y aun muertos
sobreviviremos.
En los huesos enfrentamos este invierno
hipotecado,
a la espera de que alguien,
quien sea,
nos alimente.
En los huesos
arrastramos los pies
y la frente
por el suelo
que aún nos queda,
hasta que nos arranquen de la tierra.
Somos esqueletos
en ambulancias vacías,
mudas sus sirenas,
nos transportan por vías
que no conocimos nunca
excepto en los recuerdos
de nuestros abuelos.
Esqueletos de calcio anestesiado,
dormitando sobre las camillas
sin mayor reacción ni rastro
de nuestra carne desprendida.
Ambulancias enloquecidas
que se pierden en llorosos callejones
evitando destinos más oscuros
que penetren en el vientre del futuro.
Huesos hambrientos
temerosos del reflejo
que proyecta nuestra vida.
Desde las cuencas negras
la calavera observa inquieta
las promesas de grasientas lenguas
que aletean en rededor.
Promesas que agazapadas
nos trajeron a Troya
ocultas en caballos de esperanza
mezclada en la cicuta.
¿Adónde nos han traído?
¿Quién les dio permiso
para desollar nuestra piel?
España cadavérica,
ejército de huesos
de carnosa dignidad
no te caigas todavía,
no te ahorques en la ruina,
no aceptes más dietas,
no te venzas,
no te rindas.
No te caigas,
no te duermas,
no te derrames por la herida.
Hombro con hombro,
clavícula con clavícula,
juntos alimentando
las raíces de los cipreses.
España cadavérica,
ejército de huesos,
erguidos esqueletos,
nos cambiaron el cielo
por este cementerio,
que al menos sea nuestro,
algo propio,
como el gélido aliento
con que besamos a este invierno.
En las lápidas escribiremos
los nombres de los vivos
que engordaron
alimentándose de nuestros restos.
Y aun muertos
sobreviviremos.
Última edición: