Corpse
Poeta fiel al portal
Eras el amor que nació un día
Dándole un poco de aliento a esta triste compleja vida mía
con tu ojos iluminando mi camino
Ahora el recuerdo en mi invierno
Tocando triste mi herida
Que dejo tú a dios al marcharte
Arrancando la luz que me encendía
Anidando de recuerdos,
qué, cómo fina estampa en este cielo mortuorio de mi soledad
descansa el lastre de un corazón sumergido en sueños
nada más queda, solo las faltas y los orgasmos que me diste en caridad.
He intentado secar este silencio
decirte gracias por el mórbido vino de tus labios.
Arañando mis sienes de esta soledad mía
disoluta y absorta de mares en los ojos míos.
Ostentosa mujer de mis sueños etéreos,
mi corazón llora en sus adentros
y mis pies desgastados están por tantos caminos recorridos,
oh, pena la mía, soy un recolector de recuerdos.
Inocencia yo tenía de un amor
y tú, doncella de ojos negros como mí perlado cielo
pereciste dentro del océano de mi alma
en mórbidas copas de vino e injurias.
Esta bella luna, que,
hoy es una pagana e infame
hace pagar mis más sinceras declaraciones
y mis palabras se vuelven como aquel Aladino enamorado de su doncella perdida.
Corazón terco,
lisonjeabas aquella damisela hasta desangrar tu lengua
hoy, es la culpable de tus mejillas mojadas,
desgracia la mía, de ser un cabal enamorado.
A la noche grito tu nombre desgraciado,
con la esperanza de que un árbol atrofie mis intenciones
que banales son…
Solo espero descansar esta noche
tan incierta y tan difusa…
Dándole un poco de aliento a esta triste compleja vida mía
con tu ojos iluminando mi camino
Ahora el recuerdo en mi invierno
Tocando triste mi herida
Que dejo tú a dios al marcharte
Arrancando la luz que me encendía
Anidando de recuerdos,
qué, cómo fina estampa en este cielo mortuorio de mi soledad
descansa el lastre de un corazón sumergido en sueños
nada más queda, solo las faltas y los orgasmos que me diste en caridad.
He intentado secar este silencio
decirte gracias por el mórbido vino de tus labios.
Arañando mis sienes de esta soledad mía
disoluta y absorta de mares en los ojos míos.
Ostentosa mujer de mis sueños etéreos,
mi corazón llora en sus adentros
y mis pies desgastados están por tantos caminos recorridos,
oh, pena la mía, soy un recolector de recuerdos.
Inocencia yo tenía de un amor
y tú, doncella de ojos negros como mí perlado cielo
pereciste dentro del océano de mi alma
en mórbidas copas de vino e injurias.
Esta bella luna, que,
hoy es una pagana e infame
hace pagar mis más sinceras declaraciones
y mis palabras se vuelven como aquel Aladino enamorado de su doncella perdida.
Corazón terco,
lisonjeabas aquella damisela hasta desangrar tu lengua
hoy, es la culpable de tus mejillas mojadas,
desgracia la mía, de ser un cabal enamorado.
A la noche grito tu nombre desgraciado,
con la esperanza de que un árbol atrofie mis intenciones
que banales son…
Solo espero descansar esta noche
tan incierta y tan difusa…