Chema Ysmer
Poeta que considera el portal su segunda casa
En mi cuarto amarillo,
donde la luz cuelga de un hilo en el centro del techo,
donde el cielo se agrieta en esquinas sin labios,
donde el viento hace aguas detrás de las cortinas.
En mi cuarto amarillo,
donde las amapolas crecen enmarcadas en blanco,
donde las hojas de un libro me dibujan un rostro
y descuelgan sus brazos.
En mi cuarto amarillo,
donde desfilan en orden pantalones y camisas,
donde una bufanda recuerda a que saben los besos
que nunca se han dado.
En mi cuarto amarillo,
donde en un rincón agazapados en un cajón del armario,
unos guantes recobran el tacto
y al oído susurran:
“he tocado”.
En mi cuarto amarillo,
hay caminos que enredan sus destinos
bajo la colcha de mi cama solitaria;
acaso un sueño
¿es tener esa luz entre los brazos?
En mi cuarto amarillo.
donde la luz cuelga de un hilo en el centro del techo,
donde el cielo se agrieta en esquinas sin labios,
donde el viento hace aguas detrás de las cortinas.
En mi cuarto amarillo,
donde las amapolas crecen enmarcadas en blanco,
donde las hojas de un libro me dibujan un rostro
y descuelgan sus brazos.
En mi cuarto amarillo,
donde desfilan en orden pantalones y camisas,
donde una bufanda recuerda a que saben los besos
que nunca se han dado.
En mi cuarto amarillo,
donde en un rincón agazapados en un cajón del armario,
unos guantes recobran el tacto
y al oído susurran:
“he tocado”.
En mi cuarto amarillo,
hay caminos que enredan sus destinos
bajo la colcha de mi cama solitaria;
acaso un sueño
¿es tener esa luz entre los brazos?
En mi cuarto amarillo.