AMANT
Poeta adicto al portal
Nuestras lenguas eran olas
que bañaban
sedientas playas;
lenguas,
las olas,
que lamían
el clítoris arrebolado
de la tarde desnuda;
Alas y mazmorras,
mis versos,
rotos collares
de falsas piedras preciosas,
cadáveres minúsculos
que a la luz cribada
de tus pupilas
vida cobraban,
silentes rectas misteriosas;
sollozaban sobre un níveo pañuelo
que imitaba la alborada.
Tu nombre, una galaxia
que me cabía
en la boca
al pronunciarlo;
bálsamo que sanaba
las heridas de mi alma,
sonaba como una sonata
sin sueño
serena, sonrosada.
La luna, laguna de luz
donde hadas azules
se bañaban;
fontana de miel
que un jardín azabache ornaba
y mariposas celestes,
revoloteando
entre caléndulas refulgentes
rodeaban;
ojo que millones
de lágrimas vertía,
sobre un cielo enlutado,
de negra tinta,
nidal de la melancolía;
cada noche coronaba.
Todo eso era la luna
y cuna argentada
donde Cronos dormitaba
y lámpara
que por las noches
Eros encendida dejaba
y una sonrisa
dulcemente esbozada.
_En mi mundo de metáforas_
Era
tu voz
una cordillera
de flores sonoras poblada,
aromada a primavera,
tu sonrisa, una cárcel de estrellas.
Todo allí era
un caos perfecto,
un sinfín
de simples complejidades;
un lugar donde
se trocaba en fantasía
la realidad
y viceversa.
Sólo algo
se mantenía
siempre igual
que en el cosmos
tetradimensional,
algo no mutaba
_la única verdad_
Ahí, seguías siendo una princesa
que a otra había rescatado
la misma que se fugó
de un cuento de hadas
_Mi bien amada_
que bañaban
sedientas playas;
lenguas,
las olas,
que lamían
el clítoris arrebolado
de la tarde desnuda;
Alas y mazmorras,
mis versos,
rotos collares
de falsas piedras preciosas,
cadáveres minúsculos
que a la luz cribada
de tus pupilas
vida cobraban,
silentes rectas misteriosas;
sollozaban sobre un níveo pañuelo
que imitaba la alborada.
Tu nombre, una galaxia
que me cabía
en la boca
al pronunciarlo;
bálsamo que sanaba
las heridas de mi alma,
sonaba como una sonata
sin sueño
serena, sonrosada.
La luna, laguna de luz
donde hadas azules
se bañaban;
fontana de miel
que un jardín azabache ornaba
y mariposas celestes,
revoloteando
entre caléndulas refulgentes
rodeaban;
ojo que millones
de lágrimas vertía,
sobre un cielo enlutado,
de negra tinta,
nidal de la melancolía;
cada noche coronaba.
Todo eso era la luna
y cuna argentada
donde Cronos dormitaba
y lámpara
que por las noches
Eros encendida dejaba
y una sonrisa
dulcemente esbozada.
_En mi mundo de metáforas_
Era
tu voz
una cordillera
de flores sonoras poblada,
aromada a primavera,
tu sonrisa, una cárcel de estrellas.
Todo allí era
un caos perfecto,
un sinfín
de simples complejidades;
un lugar donde
se trocaba en fantasía
la realidad
y viceversa.
Sólo algo
se mantenía
siempre igual
que en el cosmos
tetradimensional,
algo no mutaba
_la única verdad_
Ahí, seguías siendo una princesa
que a otra había rescatado
la misma que se fugó
de un cuento de hadas
_Mi bien amada_
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