Carlos José Pedrosa Navas
Poeta recién llegado
Oscila mi canoa, con viento del norte,
pierde su forma, el viento la lleva,
lejos de aquí, a la luz de otro faro,
pidiendo limosna, en otrora frontera.
De camino fugaz y olvidado,
proclama pesares,
que de andares confusos,
pierde la forma.
La sombra, desplazada como ninguna,
se asombra, en lejana duna,
gorgoteo dulce y perenne,
imagina, y se pierde...
Abofeteado y perdido,
se olvida de su quehacer,
queriendo ver todo
desaparece su querer.
Distinguido caminante,
tan danzante y dubitativo,
tuvo remilgos,
confuso y perdido.
Quien fuera y que quisiera,
como la piedra a solas,
se desvanece pordiosera,
y mirase en la alcoba.
Dormido te espero,
para que no me olvides,
consumo mi ego,
para que no mires.
Los caminos rectos siempre perdonan,
admiran trayectos de camino a Roma,
te verán y dirán por doquier,
que en la avenida quedas, dulce miel...
Lejano "pedreo" de camino a ríos,
pidiendo perdón en remilgos,
avellanas que caen de su árbol,
flores consumadas a faldas tropiezos.
Ligeros pasos me despiertan,
y me dicen que el que calla nunca come,
versos de desenfoque,
que ligeros convencen, y mueven...
En la temprana mañana el aguacero se esconde,
remilgos de toque,
que provoca en desalma,
para cantar cánticos de guadañas.
El espejo me mira y me dice,
que un día anduve feliz,
por aquellos lares le dije,
nunca me perdí.
Viajeros de Altamira,
que de cerca ven caer el agua,
por los dioses se descalzan,
y bailan a todo aquel que las anda.
Despistados de doquier,
que nadie amilane tus andares,
que despiertan malhechores,
y venden sus pajares.
Mil y una canciones,
despiden profundos círculos a sus anteriores,
despellejan sus promesas,
llenas de rumores.
Todo sale para quien sale y se pierde,
toda liebre, y toda serpiente,
sueña campanas de aceite,
perfilados, quiebre, quien las quiebre...
pierde su forma, el viento la lleva,
lejos de aquí, a la luz de otro faro,
pidiendo limosna, en otrora frontera.
De camino fugaz y olvidado,
proclama pesares,
que de andares confusos,
pierde la forma.
La sombra, desplazada como ninguna,
se asombra, en lejana duna,
gorgoteo dulce y perenne,
imagina, y se pierde...
Abofeteado y perdido,
se olvida de su quehacer,
queriendo ver todo
desaparece su querer.
Distinguido caminante,
tan danzante y dubitativo,
tuvo remilgos,
confuso y perdido.
Quien fuera y que quisiera,
como la piedra a solas,
se desvanece pordiosera,
y mirase en la alcoba.
Dormido te espero,
para que no me olvides,
consumo mi ego,
para que no mires.
Los caminos rectos siempre perdonan,
admiran trayectos de camino a Roma,
te verán y dirán por doquier,
que en la avenida quedas, dulce miel...
Lejano "pedreo" de camino a ríos,
pidiendo perdón en remilgos,
avellanas que caen de su árbol,
flores consumadas a faldas tropiezos.
Ligeros pasos me despiertan,
y me dicen que el que calla nunca come,
versos de desenfoque,
que ligeros convencen, y mueven...
En la temprana mañana el aguacero se esconde,
remilgos de toque,
que provoca en desalma,
para cantar cánticos de guadañas.
El espejo me mira y me dice,
que un día anduve feliz,
por aquellos lares le dije,
nunca me perdí.
Viajeros de Altamira,
que de cerca ven caer el agua,
por los dioses se descalzan,
y bailan a todo aquel que las anda.
Despistados de doquier,
que nadie amilane tus andares,
que despiertan malhechores,
y venden sus pajares.
Mil y una canciones,
despiden profundos círculos a sus anteriores,
despellejan sus promesas,
llenas de rumores.
Todo sale para quien sale y se pierde,
toda liebre, y toda serpiente,
sueña campanas de aceite,
perfilados, quiebre, quien las quiebre...