Silencio mi voz,
a oscuras dejo mis pensamientos,
dejaré por un momento que mi alma
entone su mas bella canción.
Abro las puertas del claustro de carne
la libero de sus cadenas,
tan solo la contemplaré elevarse.
Desde aquí, tendida en el suelo
donde polvo soy apago la luz,
cierro mis persianas.
El viento la toma entre sus brazos
y danza con ella un vals
sobre las copas de los árboles
en un torbellino de hojas sube.
Siento su paz al sumergirse
en el océano de aire o
al reposar en una nube
palpando los rayos de sol.
Su mirada se deslumbra
mientras cabalga en un cometa
o se deja mecer entre las estrellas.
En un instante un dulce sabor recorre
mi boca aplacando la amargura
y es en sus labios el apasionado
beso de la libertad
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