Una lágrima brota de sus ojos de gata
que parecen de fuego, que parece de plata.
Con el alma de nácar y el dolor encendido,
el amor que sentía no era más que traición.
¿Qué te han hecho, mi niña? ¿Quién quebró tu pasión?
Y un jilguero le brinda su cantar afligido.
En su tierno semblante se ilumina la pena
que satura de estrellas la mirada serena
de un espíritu frágil incapaz de vivir.
Tiene el alma dolida por el mágico hechizo
de ese príncipe alado de volar enfermizo
que no tuvo reparos en hacerla sufrir.
¡Ven conmigo, preciosa, que tu rostro sonría
y verás que el espejo te devuelve alegría!
¡En el campo las flores se vistieron de gala,
ensayaron colores y perfumes sutiles
intentando fragancias de lavandas y abriles!
¿No te gustan los trinos que el gorrión te regala?
En el aire la brisa se convierte en arrullo,
y las hojas movidas, con un suave murmullo,
acompañan los trinos del sensible gorrión.
Y la niña se siente tan feliz y querida
que olvidando tristezas, cicatrices y herida,
disfrazó su congoja de una nueva ilusión.
No cabía más llanto, ni tampoco amargura.
Los momentos pasados reclamaban ternura
y la gracia del cielo le insuflaba valor.
El jilguero no estaba, se marchaba discreto
para darle a la niña su regalo secreto:
En su pico dorado le llevaba una flor.
__..__
VicenteMoret
que parecen de fuego, que parece de plata.
Con el alma de nácar y el dolor encendido,
el amor que sentía no era más que traición.
¿Qué te han hecho, mi niña? ¿Quién quebró tu pasión?
Y un jilguero le brinda su cantar afligido.
En su tierno semblante se ilumina la pena
que satura de estrellas la mirada serena
de un espíritu frágil incapaz de vivir.
Tiene el alma dolida por el mágico hechizo
de ese príncipe alado de volar enfermizo
que no tuvo reparos en hacerla sufrir.
¡Ven conmigo, preciosa, que tu rostro sonría
y verás que el espejo te devuelve alegría!
¡En el campo las flores se vistieron de gala,
ensayaron colores y perfumes sutiles
intentando fragancias de lavandas y abriles!
¿No te gustan los trinos que el gorrión te regala?
En el aire la brisa se convierte en arrullo,
y las hojas movidas, con un suave murmullo,
acompañan los trinos del sensible gorrión.
Y la niña se siente tan feliz y querida
que olvidando tristezas, cicatrices y herida,
disfrazó su congoja de una nueva ilusión.
No cabía más llanto, ni tampoco amargura.
Los momentos pasados reclamaban ternura
y la gracia del cielo le insuflaba valor.
El jilguero no estaba, se marchaba discreto
para darle a la niña su regalo secreto:
En su pico dorado le llevaba una flor.
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VicenteMoret