Chepeleon Arguello
Poeta veterano en el Portal
Los muertos
nunca dicen nada...
Como garras de acero
sobre los culpables
clavan su mirada indolente;
y observan silenciosos
sus gestos fríos
cuando comulgan
con su alma irreverente
en las misas de domingos;
y en sus catacumbas clandestinas,
ignominiosamente,
re-escriben la maldad.
La piel del torturado
llora dolor,
suda impotencia.
El beneplácito de su odio
sangra el silencio,
y mancillan con deleite
la carne sin excusas.
Mutan en delirio
un clímax de horror
que se proyecta
en los ojos inyectados de sangre,
sangre derramada
sobre el pedestal
que los encumbra.
La conciencia humana
es transformada
en un paisaje del Maestro Dalí,
a través de la ventana de los tiempos.
Gritos diluidos en ecos,
ecos…contaminados de gritos.
Ecos y gritos, contaminados, diluidos,
que se van a perder
en las paredes perezosas del olvido,
llenando de telarañas la historia.
La perfección de su obsesión,
es incomprensible, aterradora...
Les hace decorar con malicia
los instrumentos de tortura
e imprimen sus iniciales
sobre la carne humana
con satírico deleite.
El silencio crónico de la soledad
levanta paredes que lo aíslan
del resto de la humanidad.
Respetables abuelos con historia
de sangre que ocultar
en un baúl donde todos hurgan
y callan.
Los muertos,
nunca dicen nada.
Ignoran mil preguntas,
porque no ameritan
respuestas anticipadas
estas interrogantes
apetecidas por la cordura
del hombre.
Mi agradecimiento a: Almathea
nunca dicen nada...
Como garras de acero
sobre los culpables
clavan su mirada indolente;
y observan silenciosos
sus gestos fríos
cuando comulgan
con su alma irreverente
en las misas de domingos;
y en sus catacumbas clandestinas,
ignominiosamente,
re-escriben la maldad.
La piel del torturado
llora dolor,
suda impotencia.
El beneplácito de su odio
sangra el silencio,
y mancillan con deleite
la carne sin excusas.
Mutan en delirio
un clímax de horror
que se proyecta
en los ojos inyectados de sangre,
sangre derramada
sobre el pedestal
que los encumbra.
La conciencia humana
es transformada
en un paisaje del Maestro Dalí,
a través de la ventana de los tiempos.
Gritos diluidos en ecos,
ecos…contaminados de gritos.
Ecos y gritos, contaminados, diluidos,
que se van a perder
en las paredes perezosas del olvido,
llenando de telarañas la historia.
La perfección de su obsesión,
es incomprensible, aterradora...
Les hace decorar con malicia
los instrumentos de tortura
e imprimen sus iniciales
sobre la carne humana
con satírico deleite.
El silencio crónico de la soledad
levanta paredes que lo aíslan
del resto de la humanidad.
Respetables abuelos con historia
de sangre que ocultar
en un baúl donde todos hurgan
y callan.
Los muertos,
nunca dicen nada.
Ignoran mil preguntas,
porque no ameritan
respuestas anticipadas
estas interrogantes
apetecidas por la cordura
del hombre.
Mi agradecimiento a: Almathea
Última edición:
::