En tres dimensiones

Teo Moran

Poeta fiel al portal
A la ribera del río hay un pequeño pueblo
donde por sus calles suena una melodía,
por la cual el agua lleva reflejos de cereal,
de amapolas bermejas ocultas en el trigal,
lleva unos besos que no llegamos a alcanzar.

A la ribera del río el chopo pierde sus hojas
y en su desnudez su corteza herida cuelga
del ánfora arcilloso de un dulce zarzal,
y las moras redentoras dejan sus almas
en las palmas abiertas de mi mano vacía.

A la ribera del río aquellas piedras rotas
fueron parte de castillos y alcazabas,
de calles empedradas y casas sencillas
donde el hambre fue tejida por los dedos
y por la esperanza de un futuro mejor.

A la ribera del río lleva duelo la mañana,
la niebla oculta con su túnica el monte
y bajo su manto el sendero se pierde
sinuoso entre los matices verdes del pinar
junto al secreto feliz de unos dulces besos.

A la ribera del río, en una fría habitación,
los torrentes agitados de mi corazón
llevan el cristal de su amargo recuerdo,
y a lo lejos los jilgueros con mis latidos
van en busca de una mejor estación.

A la ribera del río hay una trashumante,
una montaraz sombra de nuestro amor,
hoy forma parte de las plumas del águila
y del afligido suspiro del hermoso girasol,
que tarde o temprano será pasto de la hoz.

A la ribera del río miro a lo lejos al pueblo,
noto como el aire lleva olor a romero,
a flores silvestres y pan recién hecho,
a la melodía fría del campo hoy vacío
y al sudor del infatigable jornalero,

el canto eterno de la fuente del priorato,
a los ancianos rememorando el pasado
y ese tiempo en sus bocas pareciera mejor,
a mí que calladamente camino en soledad
y dibujo con las hojas caídas al amor…
 

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