Belu
Padme
La sangre cae al pozo de mi corazón
mientras el todo se vuelve nada
y la lluvia desborda nubes atravesándome,
ahora que mustio es el dolor,
que equivocados pájaros anidan en los cielos gastados de lágrimas,
resueno como una campana oscura
hueso adentro,
ardiendo el deseo de tu presencia;
el tiempo es un hilo frío
ya no existen labios que aviven latidos,
mi sed busca reconocer tu frescura entre las sombras,
mi cuerpo alimento para los húmedos valles de la carne
y el mar y cielo míos,
buscan,
regar la tierra de tu vida
ahora que ha pasado tanto
y que la verdad y el tiempo tejen las últimas páginas de un libro duro y triste;
a la puerta de silencio que te guarda invisible llego,
desnuda
humana
miserable,
a entregarte en éste,
tu día,
lo único que tengo:
amor;
ofrenda
a la calidez secreta
a la infinita ternura en tus ojos
que como peces perezosos mecen las hojas de mi horizonte sembrando estrellas;
al estallido de júbilo que es existir a un tiempo
y saberlo
y creer en el milagro
donde asomándose tus labios
nacen desde los siglos
la música iluminada de las aves
y las voces profundas de los mares,
para sentir,
que aún
vivo
mientras el todo se vuelve nada
y la lluvia desborda nubes atravesándome,
ahora que mustio es el dolor,
que equivocados pájaros anidan en los cielos gastados de lágrimas,
resueno como una campana oscura
hueso adentro,
ardiendo el deseo de tu presencia;
el tiempo es un hilo frío
ya no existen labios que aviven latidos,
mi sed busca reconocer tu frescura entre las sombras,
mi cuerpo alimento para los húmedos valles de la carne
y el mar y cielo míos,
buscan,
regar la tierra de tu vida
ahora que ha pasado tanto
y que la verdad y el tiempo tejen las últimas páginas de un libro duro y triste;
a la puerta de silencio que te guarda invisible llego,
desnuda
humana
miserable,
a entregarte en éste,
tu día,
lo único que tengo:
amor;
ofrenda
a la calidez secreta
a la infinita ternura en tus ojos
que como peces perezosos mecen las hojas de mi horizonte sembrando estrellas;
al estallido de júbilo que es existir a un tiempo
y saberlo
y creer en el milagro
donde asomándose tus labios
nacen desde los siglos
la música iluminada de las aves
y las voces profundas de los mares,
para sentir,
que aún
vivo
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