En un andén de una estación cualquiera.

Espectacular!! Una denuncia puesta aquí con todo el coraje y la valentía de una mujer que ha estado en el infierno y ha salido de él. Es una triste historia, pero una realidad que millones de mujeres viven o han vivido, y de las que muy pocas han sobrevivido.
Y estar aquí, hoy, poniendo tu alma y fuerza para dejar algo que llegue a todas esas mujeres, que quizás estén en el marco de esa puerta buscando su libertad, pero por miedo e incertidumbre aún se encuentran expuestas a quedar del lado de adentro, es una gran actitud… Y también, demuestra superación, esa que es la que más tarda de llegar, pero cuando lo hace, te dice que ya es hora de comenzar de cero y olvidar.

Mis aplausos a tu persona, a tu valiente pluma, y esa fuerza de bambú que tienes.
Porque la fuerza no nace de la dureza y rigidez de roble, sino de la fragilidad y flexibilidad del bambú para doblarse y no quebrarse.

Hola genia Ro Bassetti, gracias, muchas gracias, desde luego que si uno tiene mal día, tú haces con este comentario que el día de la vuelta, y solo se vea sol donde había lluvia, Un beso y un abrazo muy fuerte para ti.
 
El amor se escribe con llantos de tinta sangrada por el devenir de los tiempos, pero también por corazones libres y puros como el que adivino manejas. Relato que es una verdad latente, por desgracia existen muchos casos iguales y siempre es el maldito machismo, el problema aparte del daño que infringen es, el devenir del futuro que a ellas se les adivina.
Un placer, merecido premio.
 
deberia haber un foro de prosa realista porque esto que escribiste es demasiado real lamentablemente,algunas mujeres no pueden o saben como escapar...
un beso y abrazo desde argentina:::hug:::
 


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Acaba de despertarse; son las seis de la mañana y se ha puesto a llorar, porque se acaba de dar cuenta que no subirá al tren; sabe que hoy nadie la hará reír como lo hace él. Ese que siempre ocupaba el mismo asiento, la plaza cuarenta –ventanilla- del vagón número tres.



Regresó junto al guardián de sus sueños, conocedor de sus pasiones, su confesor de secretos inconfesables, su compañero de fatigas y correrías nocturnas desde hace tiempo, demasiado tiempo: su solitario sofá.



Se había cansado de estar al otro lado de la cama, se cansó de pedirle, de suplicarle, de gritarle y de llorarle: "¡joder, que yo solo quiero que me quieras!” Pero hacía tiempo que dejó de escucharla, ahora ya era tarde. Ahora pensaba en él.



Tiempo atrás había desarrollado por necesidad, la capacidad de soñar, lo hacía cuando quería, sin tener que cerrar lo ojos, ni siquiera tenía que estar en un entorno agradable; es más, incluso rodeada de basura, bajo las órdenes de un hombre malvado que le tenía prohibido soñar.



Cuando era una niña, una linda muñequita de diecinueve años —porque solo eso se puede ser con esa edad—, ella no sabe como fue, ni siquiera se dio cuenta, le conoció, dio el "sí quiero", con su niño en el vientre. Casi desde ese mismo momento, todo se lo robó. El hombre malo le robó todas las cosas a su muñeca, porque para eso era suya. El monstruo con sus cosas y sus muñecos hacía lo que quería.



En su saco metió todas sus pertenencias, robó el alma de la niña, sus sueños, sus ilusiones, y mucho antes de cumplir los veinticinco, cuando todavía era una niña con un niño, se sintió vieja, sucia, vacía. Pensó durante mucho tiempo que no valía para nada. Incluso ahora, cumplidos los cuarenta lo piensa algunas veces.



Porque el hombre malo fue muy malo, ¡se lo dijo tantas veces!.



Muchas veces pensó que se moriría de pena, muchas otras pensó que él mismo la mataría, y alguna otra pensó... pero le faltó valentía para hacerlo, ¡menos mal!


Fueron demasiados años de condena, trece años y un día; son muchos días para estar en el infierno. Él quería jugar, pero a ella no le gustaba jugar con cuchillos, dardos voladores, palabras voladoras. Las palabras salidas de un monstruo hacen tanto daño y producen tanto miedo...


Incluso alguna vez, en los tiempos previos a la huida, hubo de poner las espadas y los cuchillos a buen recaudo; y alguna vez también en los felices almuerzos familiares de domingo, ella le ofrecía al monstruo su plato preferido, el monstruo le pedía el cuchillo para cortar, y ella fingiendo como hizo siempre, -la chica de la eterna sonrisa fuera de casa-, le decía: "no, querido monstruo, ya la he cortado yo para que no te hagas daño".



Pero un día, apoyada en la ventana, en una fría tarde de diciembre, esperando ver una estrella fugaz para pedirle que la apartara del dolor, vio una pequeña flor que asomaba en aquella planta situada en el alféizar, tal que florecía en primavera, en ese momento una mariposa de bellos y vivos colores se posó sobre sus manos vacías, temblorosas, la acercó a su mejilla, la acarició y se echó de nuevo a volar.



En ese momento desapareció el color negro tornándose verde, verde esperanza, y vio el azul y el amarillo y todos los demás colores del arcoiris. Se dio la vuelta, encontrándose con la cara de su hijo que estaba viendo una peli de dibujos animados, miró su carita y vio la misma tristeza que en la de ella; vio sus mismos ojos tristes,

Entonces, un día de tantos que no pudo más, marcó un número de teléfono... y todo empezó. Empezó su huida.



Fue un veintidós de diciembre; ese día le tocó un poco la lotería, años atrás le había tocado el gordo,



Esa mañana estuvo muy nerviosa, tenía miedo, estaba angustiada; temía que entrase por la puerta, que descubriese que había demasiadas maletas. Todos los años se iba a pasar las navidades a su tierra natal; dejaba Madrid unos días, pero esas navidades no las pasaría con su madre.



Por fin se acercaba la hora, se despidió de su vecina y amiga; la había ayudado mucho en los últimos tiempos; las dos tenían lágrimas en los ojos: “Maribel, te echaré mucho de menos” Bajó sus cosas, lo más importante, llamó un taxi; cerró esa maldita puerta, no la golpeó. Pero agarró ese pomo con tanta fuerza tirando hacia ella, que se amorataron sus manos. La cerró para siempre pero le quedaba un día, tenía que volver una vez más, meses después, pero ese día igual que otros muchos, necesita borrarlo.



No recuerda una noche como aquella; le gustó ver la expresión de su hijo en la cara, y la de ella misma ante el espejo. Hacía años que no dormía así, tranquila al fin. En aquella habitación de hotel -el nombre de ese hotel no se le olvidará en la vida-. Vivió allí durante casi tres meses. Fueron tres meses muy largos.



S volvió a abrir pero solo en sus sueños, demasiadas veces; todavía ahora se sigue abriendo alguna vez... Sueña a menudo que está allí, encerrada, que no puede salir. El alcaide custodia su cárcel, no deja de mirarla; ella hace que no le ve, no puede cruzarse con esa mirada, no quiere ver esos ojos: son los ojos del terror.



Desde entonces muchas cosas han cambiado, ha tenido una buena época, pero hay cosas de su pasado que vuelven para atormentar su presente, no le gusta lo que ve. Otra vez se encuentra con una mirada que ha dejado de gustarle,



Se conformaba con pocas cosas, que la quisiera y respetara, con todo eso que no compra el dinero, eso que todos saben, con el tiempo y no con el reloj de oro; con el calor de un abrazo no el un abrigo de piel, con el calor de un hogar no el de una jaula de oro. Ese hogar lo fue poco tiempo. Se desmoronaba, otra vez.



María, cierra la puerta, no la abras nunca más. Quiso beberse las calles, comérselas, caminarlas, vivirlas, pero...
sigue intentándolo todos los días.


Ahora que estamos en temporada estival se fija en la muchedumbre que espera su destino en la estación. Está llena de grupos de jóvenes riendo, de familia felices con sus hijos felices, gente cargada de maletas y pelotas de playa, pero se fija en una mujer que está sola, sentada en un banco, con los ojos tristes y rojos, tiene a su niño en brazos, el niño también tiene los ojos tristes. Esas dos mujeres no se hablan, no se dicen absolutamente nada, solo se miran. Tiene poco equipaje, sabe perfectamente que no se va de vacaciones,



Para alguna mujer que acaba de cerrar la puerta y está sentada en un banco, en un andén de una estación cualquiera.




Antonia Mauro del Blanco







Como siempre, me gustado leerte. Un abrazo.
 
Una excelente prosa que duele de real, y a la vez resulta hermosa por la sensibilidad y el sentimiento puesto por su autora al escribirlo. Me encantó, amiga. Mi sincera felicitación y abrazos.

(Por cierto, Magnífica y muy bella dedicatoria final)

Muchas, muchas gracias Luis, un beso.
 
Muy emotivo Toña,querida, oremos para que siempre ésas princesitas de 19 logren saltar estos tragos amargos de la mala suerte, para que siempre vean en sus pequeños una mirada feliz para que al mirarse a diario en el espejo descubran que tiene cabellos dorados y boca de fresa y que sus oídos solo escuchen palabras de amor...y si cayeren en desgracia... que siempre tengan la fortaleza de cerrar la puerta a tiempo y de olvidar todo. Antonia, éres algo especial. Besos.
E.P..jpg

muchísimas gracias Gentleman por tus palabras, se agradecen infinitamente. Un beso. No les daremos la espalda nunca.
 
Valiente y realista relato, es la historia de muchas personas algunas que ya cerraron esa puerta para emprender nueva vida y otras que todavia estan puerta adentro silenciadas...algunas con finales felices otras no....Plasmaste con exactitud la violencia que sufren los débiles y nobles de corazón cuando se encuentran en el camino al verdugo.

Dios te bendiga. Estrellitas para ti.
 
Saludos mi querida Elena, me ha encantado tu obra.
Tiene agarre y profundidad.
Un placer leerte. Besos con cariño.
 
No había llegado hasta esta estación, andaba yo perdida por apeaderos sin control de interventores y por eso...
Desde el corazón te digo que conmueve la crudeza que transmites, la realidad de tantas vidas apresadas en su propio miedo, de tanta soledad, de tanta irracionalidad.
Conmueve cada párrafo porque se narra paso a paso y se revive junto a tu pluma, es fácil sentir mientras expresas. Además has tenido la genial idea de colocar a Pasión Vega que canta esta María se bebe las calles como si pudieras recorrerlas con ella, junto a ella.

La sita te da matrícula de honor y te espera en clase primera, la de las valientes, no la de las ricas.

Un abrazo enorme niña aventajada.
 

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