En un fantástico nocturno

EL ARPONERO DE LA TINTA

Poeta asiduo al portal
Veo tu cuarto, crecer y menguar,

tras cada noche en mi ribera,

do cosifico mi alma

a tu pálpito de estrella.



Te pintas los labios de fiebre

¡Oh, ágata de fuego blanco!

y fulge tu luz escarlata

sobre la pulcritud más oscura

del manto.



A fuer de enormes cortejos

de arponeros y militantes del mar

tu panza, embarazada y desnuda,

luce como un faro.



¡Luce cómo un faro!



¿En qué Troya, Ulises, urdió la magia

del encantamiento de las olas

que tu panza alzó

sin fenecer en el palo mayor de su nave

por la bitácora de tu lumbre?



¿En qué sustento milagroso se apoyó Cervantes

para destronar la tempestad del odio

de aquella era oscura

y aglutinar en el lienzo

la historia de un Quijote

en busca de su Dulcinea

sino bajo tu aurora?



Veo tu cuarto, crecer y menguar,

tras cada noche en mi ribera,

do cosifico mi alma

a tu pálpito de estrella.



Siento el foco de tu enigma

que se enciende y se apaga;



pero también siento que tu embrujo

me hace a la mar

en busca de los corceles

que tu aliento pare

en cada plenilunio

y renuevo entonces mis votos

por alcanzar la posta de tus labios.
 
Veo tu cuarto, crecer y menguar,

tras cada noche en mi ribera,

do cosifico mi alma

a tu pálpito de estrella.



Te pintas los labios de fiebre

¡Oh, ágata de fuego blanco!

y fulge tu luz escarlata

sobre la pulcritud más oscura

del manto.



A fuer de enormes cortejos

de arponeros y militantes del mar

tu panza, embarazada y desnuda,

luce como un faro.



¡Luce cómo un faro!



¿En qué Troya, Ulises, urdió la magia

del encantamiento de las olas

que tu panza alzó

sin fenecer en el palo mayor de su nave

por la bitácora de tu lumbre?



¿En qué sustento milagroso se apoyó Cervantes

para destronar la tempestad del odio

de aquella era oscura

y aglutinar en el lienzo

la historia de un Quijote

en busca de su Dulcinea

sino bajo tu aurora?



Veo tu cuarto, crecer y menguar,

tras cada noche en mi ribera,

do cosifico mi alma

a tu pálpito de estrella.



Siento el foco de tu enigma

que se enciende y se apaga;



pero también siento que tu embrujo

me hace a la mar

en busca de los corceles

que tu aliento pare

en cada plenilunio

y renuevo entonces mis votos

por alcanzar la posta de tus labios.
esos embrujos tuyos de letras son muy poderosos, grato leerte
 
Veo tu cuarto, crecer y menguar,

tras cada noche en mi ribera,

do cosifico mi alma

a tu pálpito de estrella.



Te pintas los labios de fiebre

¡Oh, ágata de fuego blanco!

y fulge tu luz escarlata

sobre la pulcritud más oscura

del manto.



A fuer de enormes cortejos

de arponeros y militantes del mar

tu panza, embarazada y desnuda,

luce como un faro.



¡Luce cómo un faro!



¿En qué Troya, Ulises, urdió la magia

del encantamiento de las olas

que tu panza alzó

sin fenecer en el palo mayor de su nave

por la bitácora de tu lumbre?



¿En qué sustento milagroso se apoyó Cervantes

para destronar la tempestad del odio

de aquella era oscura

y aglutinar en el lienzo

la historia de un Quijote

en busca de su Dulcinea

sino bajo tu aurora?



Veo tu cuarto, crecer y menguar,

tras cada noche en mi ribera,

do cosifico mi alma

a tu pálpito de estrella.



Siento el foco de tu enigma

que se enciende y se apaga;



pero también siento que tu embrujo

me hace a la mar

en busca de los corceles

que tu aliento pare

en cada plenilunio

y renuevo entonces mis votos

por alcanzar la posta de tus labios.
Bello poema, de esos que saben llevar al lector por los rumbos mágicos de la poesía, me ha encantado, saludos cordiales.
 

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