dulcinista
Poeta veterano en el Portal
En una silla sentada al sol de enero
una dama se mira lo que esconde
bajo el vestido justamente donde
sus muslos aprisionan lo que quiero.
La cárcel abre y el candado toca
hasta que la risa a sus labios llega.
Para este trigo ya llegó la siega
dice abriendo las piernas como loca.
Uno de sus dedos sirve de llave
para el candado que guarda la clave
de la fuente de su frondosa casa.
Con la señal de la cruz lo bendice,
lo mira y lo remira y al fin dice:
No me place este fuego que no abrasa.
Eladio Parreño Elías
14-Junio-2013
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