EL ARPONERO DE LA TINTA
Poeta asiduo al portal
Al este del Cabo Verde,
en una rima de estrellas
y sobre los limes de los vientos
atrapé la cintura del mar
tras el enorme beso de tu luna.
Dibujé la especial aurora
en un fresco a estribor
y sonreí como loco,
¡enamorado.!
Me sentí extrañamente lelo
y pensé en las sirenas.
Mi fortuna a priori son
los azulados mares
y tan luego, las atrapantes
Nereidas, que confieren el polo magnético
de mi célebre destino.
(Digamos que el imán de mi secreta ruta)
El eufemismo de la sal,
no, el anverso ni la cara,
sino el espacio abierto a la sangría,
acaso,
el cigüeñal de mi carro vetusto
que me subleva
a mil revoluciones.
Atento a ello, mi ser
bucea entre las aguas:
el romance permitido,
la gracia, no efímera,
el beso egregio con sabor
de la impronta marina.
Y, heme aquí, perfecto marinero
bordeado de mares y lunas
atrapado en la honda plastilina
do se columpia el estelar asombro
y el rugido de las eras.
Yo espero por ti en la rada, ¡oh luna!
atesorando el monzón
y los alisios,
pero me desnudo, en esta noche,
bajo el faro de Omán,
besando tus pies geográficos,
pernoctando en tu regazo
en tu cuarto absoluto
haciéndote el amor,
¡ensayando un esquema magnífico.!
en una rima de estrellas
y sobre los limes de los vientos
atrapé la cintura del mar
tras el enorme beso de tu luna.
Dibujé la especial aurora
en un fresco a estribor
y sonreí como loco,
¡enamorado.!
Me sentí extrañamente lelo
y pensé en las sirenas.
Mi fortuna a priori son
los azulados mares
y tan luego, las atrapantes
Nereidas, que confieren el polo magnético
de mi célebre destino.
(Digamos que el imán de mi secreta ruta)
El eufemismo de la sal,
no, el anverso ni la cara,
sino el espacio abierto a la sangría,
acaso,
el cigüeñal de mi carro vetusto
que me subleva
a mil revoluciones.
Atento a ello, mi ser
bucea entre las aguas:
el romance permitido,
la gracia, no efímera,
el beso egregio con sabor
de la impronta marina.
Y, heme aquí, perfecto marinero
bordeado de mares y lunas
atrapado en la honda plastilina
do se columpia el estelar asombro
y el rugido de las eras.
Yo espero por ti en la rada, ¡oh luna!
atesorando el monzón
y los alisios,
pero me desnudo, en esta noche,
bajo el faro de Omán,
besando tus pies geográficos,
pernoctando en tu regazo
en tu cuarto absoluto
haciéndote el amor,
¡ensayando un esquema magnífico.!
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