Encalle de amor
Dichosa, expulsa de ti el suave barullo
posado en mi cuerpo, al menor descuido
de todos mis atrevimientos.
Repulsa, y enciérrame en la autoridad
que suele tener tu vibrante vida
en una pequeña esquina de cuartos ocultos.
Véjame, expandiendo clamores
de aquellas lenguas que me llenan
y se hacen de acero, al tocar mi corazón.
Mírame, desde ese requinto en tu alma
desde esa entereza copiada a una doña,
y que bien recibes, cabida de amores.
Óyeme, y no despiertes al abrir de tus ojos
ni a los disturbios de mis bravatas
que se juntan en un crisol, al sol de mercurio.
Húrgame, y no le dejes al soplador posar sus criterios
en una canallada de voces quebradas
al apagarse en mi la codicia, al no verte.
Abrázame, como a un tallo erguido en una pradera,
como si todo lo que te hubiera dado no fueran sueños
sino sólidos verbos, hechos un encalle de amor.
posado en mi cuerpo, al menor descuido
de todos mis atrevimientos.
Repulsa, y enciérrame en la autoridad
que suele tener tu vibrante vida
en una pequeña esquina de cuartos ocultos.
Véjame, expandiendo clamores
de aquellas lenguas que me llenan
y se hacen de acero, al tocar mi corazón.
Mírame, desde ese requinto en tu alma
desde esa entereza copiada a una doña,
y que bien recibes, cabida de amores.
Óyeme, y no despiertes al abrir de tus ojos
ni a los disturbios de mis bravatas
que se juntan en un crisol, al sol de mercurio.
Húrgame, y no le dejes al soplador posar sus criterios
en una canallada de voces quebradas
al apagarse en mi la codicia, al no verte.
Abrázame, como a un tallo erguido en una pradera,
como si todo lo que te hubiera dado no fueran sueños
sino sólidos verbos, hechos un encalle de amor.