Albertyo Moliendo
Poeta recién llegado
Todo para la hurraca y su cante
que disfruta el estío opaco.
Grita que te gritan ventanales
en los iluminados nublados.
La plaza seduce a los niños villanos
en días de semejante respirar denso,
pues se ahogan los espíritus apagados.
Ocaso,
que te alimentas de las manchas,
¿No podrías regalarme
una sola nube blanca?
El espíritu menudo
de los niños en la casa
fluye lúbrico a la vida
de la plaza y la montaña.
Rezo y pido al monte del oeste
que convenza al Sol al acercarse:
¡Que se mantenga la criba rupestre!
Deja alguna nube tras tu arrastre.
Al fin llega el rojizo final
decidido a despejar magia.
Las palmeras gimen con las cañas
una onda de mediocridad.
se pierde en sus orígenes
de insuficiente cavidad.
Ocaso,
que te alimentas de las manchas,
¿No podrías regalarme
una sola nube blanca?
que disfruta el estío opaco.
Grita que te gritan ventanales
en los iluminados nublados.
La plaza seduce a los niños villanos
en días de semejante respirar denso,
pues se ahogan los espíritus apagados.
Ocaso,
que te alimentas de las manchas,
¿No podrías regalarme
una sola nube blanca?
El espíritu menudo
de los niños en la casa
fluye lúbrico a la vida
de la plaza y la montaña.
Rezo y pido al monte del oeste
que convenza al Sol al acercarse:
¡Que se mantenga la criba rupestre!
Deja alguna nube tras tu arrastre.
Al fin llega el rojizo final
decidido a despejar magia.
Las palmeras gimen con las cañas
una onda de mediocridad.
Corage astral
de insuficiente cavidad.
Ocaso,
que te alimentas de las manchas,
¿No podrías regalarme
una sola nube blanca?