Raúl Donoso P.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Encontrar aquello que me urge
y quedármelo sin opción a trocarlo,
pues no debe ser manoseado,
por creyentes ni impíos.
Hurgaré entre mi hosquedad
y el abandono a que me someto,
a ver si entre ellos logro encontrarlo
haciendo de su hospedaje mi tesoro.
De pronto me cansa su búsqueda,
pues escucho palabras,
que vomitan flemas agrias,
de colores repulsivos,
invitando a desterrar mi rastreo.
¿Qué tal si está a mi lado?
y la miopía milenaria no deja mirarle de cerca,
argumentando manifiestos de esto y de aquello,
asestando desde mis cimientos las antiparras,
que sólo han dejado ver,
lo que ellos habían logrado recopilar.
¿Qué tal si lo llevo debajo de mi piel desde hace mucho?
y la modorra por sólo ver paja ajena,
ha sido el escollo de mi propia burla,
creando en mi alma la desazón,
por no atreverme a tocarla.
¿Qué tal si ya lo he encontrado?,
y ha ido haciendo su morada en mi pluma,
que derrama sensaciones, pudores sin vergüenza,
dejándolos abiertos y expuestos,
para que se prendan de ojos ajenos
y susurren en vigilia nocturna,
pues han masticado la misma cordura.
¿Qué tal si ayudaste a mostrármelo?,
cuando te presentaste con tu bella sonrisa,
sólo deseando cuidar mi alma,
alma que se había fatigado de buscar,
lo que alguna vez le urgía
y que hoy mancebo suspira
de haber encontrado los dorados versos,
que se revelan eternos desde mi buhardilla
y quedármelo sin opción a trocarlo,
pues no debe ser manoseado,
por creyentes ni impíos.
Hurgaré entre mi hosquedad
y el abandono a que me someto,
a ver si entre ellos logro encontrarlo
haciendo de su hospedaje mi tesoro.
De pronto me cansa su búsqueda,
pues escucho palabras,
que vomitan flemas agrias,
de colores repulsivos,
invitando a desterrar mi rastreo.
¿Qué tal si está a mi lado?
y la miopía milenaria no deja mirarle de cerca,
argumentando manifiestos de esto y de aquello,
asestando desde mis cimientos las antiparras,
que sólo han dejado ver,
lo que ellos habían logrado recopilar.
¿Qué tal si lo llevo debajo de mi piel desde hace mucho?
y la modorra por sólo ver paja ajena,
ha sido el escollo de mi propia burla,
creando en mi alma la desazón,
por no atreverme a tocarla.
¿Qué tal si ya lo he encontrado?,
y ha ido haciendo su morada en mi pluma,
que derrama sensaciones, pudores sin vergüenza,
dejándolos abiertos y expuestos,
para que se prendan de ojos ajenos
y susurren en vigilia nocturna,
pues han masticado la misma cordura.
¿Qué tal si ayudaste a mostrármelo?,
cuando te presentaste con tu bella sonrisa,
sólo deseando cuidar mi alma,
alma que se había fatigado de buscar,
lo que alguna vez le urgía
y que hoy mancebo suspira
de haber encontrado los dorados versos,
que se revelan eternos desde mi buhardilla