rosa sunde
Poeta recién llegado
Te dije que te amaba
y me preguntaste quien era.
Entonces dije mi nombre y sonreí, porque sabía(s) que mentía.
No soy Rosa.
Soy ese palo de escoba
que mis ojos no pudieron atrapar
y al caer acabo con el juego.
Esa inseguridad que me dejo sola.
La soberbia que me convirtió en el perdón que nunca pedí.
Esa soledad que florece de mis ojos
y se enreda en lo más profundo de mi.
Los besos que me deben un par de labios
y algunos que deben mis promesas.
El libro que gané y nunca lei.
El que compré, comencé y no terminé.
Ese poema del medio que pasé por alto
sin curiosidad ni pena.
La máquina de cocer que tanto adore
y abandoné en la esquina de la casa de algún alguien.
Esas lágrimas que me mojaron las mejillas
y me secaron el centro.
Los poemas que escribi en hojas sueltas,
esas que volaron y ya no existen.
El cuaderno de primaria donde escribí mis primeros versos al lado de un dibujo mal hecho de mi perro.
y me preguntaste quien era.
Entonces dije mi nombre y sonreí, porque sabía(s) que mentía.
No soy Rosa.
Soy ese palo de escoba
que mis ojos no pudieron atrapar
y al caer acabo con el juego.
Esa inseguridad que me dejo sola.
La soberbia que me convirtió en el perdón que nunca pedí.
Esa soledad que florece de mis ojos
y se enreda en lo más profundo de mi.
Los besos que me deben un par de labios
y algunos que deben mis promesas.
El libro que gané y nunca lei.
El que compré, comencé y no terminé.
Ese poema del medio que pasé por alto
sin curiosidad ni pena.
La máquina de cocer que tanto adore
y abandoné en la esquina de la casa de algún alguien.
Esas lágrimas que me mojaron las mejillas
y me secaron el centro.
Los poemas que escribi en hojas sueltas,
esas que volaron y ya no existen.
El cuaderno de primaria donde escribí mis primeros versos al lado de un dibujo mal hecho de mi perro.