Aguila Albina.
Poeta recién llegado
Si encriptar es el arte de lo oculto
y de redactar entre las líneas
lo sutil en obviedades,
entre nombres figurados
mis amantes he codificado,
sea en el rechazo
o lo reciprocado,
con el signo y la metáfora
he hecho de sus rostros
y sus labios,
un esbozo de leve tinta
y de célere pincelazo.
Como la figura vaga
de cabello trenzado,
que como trenza la galantería
y el coqueteo es enredado,
con la tez castaña
del ramaje entrecruzado,
la mujer de ojos de savia
su cabellera ha intrincado,
y complica sus amores
como laberíntico hace el dosel
a un recto
y simple árbol.
Y si la figura encriptada
no es vaga,
será más bien difuminada.
Como duna en la arena
que por el viento trastornada,
al sol del medio día
se muestra albina,
tal vez dorada.
Cual también se desvanece
el arenal erosionado,
del amor a mujer áurea
que en la carencia de su brillo,
decolora el desierto
y pinta en ton grisáceo.
Más si difumino un romance
para encriptarlo,
igualmente puedo
contarlo al contrario,
como el sonido
que al oído escapa
y regresa a fugaz labio,
o el sentimiento huidizo
que alojado en mí pecho
a la canción regresa raudo,
antes que a la voz
de la cantora
huya el canto,
como escapista la cantante
se fugó
de mis abrazos.
Al revés o al contrario
la encriptación
también funciona en saltos,
omitiendo los detalles
cegándose a los rasgos,
como los oscuros ojos
que no ven lo que no quieren,
y deambulando entre los párrafos
leen un texto diferente,
como sus iris de burdeos
que viendo el amor
en mis escritos inherentes,
literal en su interpretación,
entendida
se negó a lo evidente.
Por esto, cuatro amantes
ocultado he entre versos,
vagos e intrincados
como ella que su cabello trenza,
difuminados y desvanecidos
como de otra la promesa,
escritos al contrario
como quien se acerca y se aleja,
o en omisiones de forma adrede
como aquella
aparentando la ceguera.
y de redactar entre las líneas
lo sutil en obviedades,
entre nombres figurados
mis amantes he codificado,
sea en el rechazo
o lo reciprocado,
con el signo y la metáfora
he hecho de sus rostros
y sus labios,
un esbozo de leve tinta
y de célere pincelazo.
Como la figura vaga
de cabello trenzado,
que como trenza la galantería
y el coqueteo es enredado,
con la tez castaña
del ramaje entrecruzado,
la mujer de ojos de savia
su cabellera ha intrincado,
y complica sus amores
como laberíntico hace el dosel
a un recto
y simple árbol.
Y si la figura encriptada
no es vaga,
será más bien difuminada.
Como duna en la arena
que por el viento trastornada,
al sol del medio día
se muestra albina,
tal vez dorada.
Cual también se desvanece
el arenal erosionado,
del amor a mujer áurea
que en la carencia de su brillo,
decolora el desierto
y pinta en ton grisáceo.
Más si difumino un romance
para encriptarlo,
igualmente puedo
contarlo al contrario,
como el sonido
que al oído escapa
y regresa a fugaz labio,
o el sentimiento huidizo
que alojado en mí pecho
a la canción regresa raudo,
antes que a la voz
de la cantora
huya el canto,
como escapista la cantante
se fugó
de mis abrazos.
Al revés o al contrario
la encriptación
también funciona en saltos,
omitiendo los detalles
cegándose a los rasgos,
como los oscuros ojos
que no ven lo que no quieren,
y deambulando entre los párrafos
leen un texto diferente,
como sus iris de burdeos
que viendo el amor
en mis escritos inherentes,
literal en su interpretación,
entendida
se negó a lo evidente.
Por esto, cuatro amantes
ocultado he entre versos,
vagos e intrincados
como ella que su cabello trenza,
difuminados y desvanecidos
como de otra la promesa,
escritos al contrario
como quien se acerca y se aleja,
o en omisiones de forma adrede
como aquella
aparentando la ceguera.
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