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Encuentro del Mar

Tema en 'Prosa: Filosóficos, existencialistas y/o vitales' comenzado por Samuel17993, 26 de Febrero de 2020. Respuestas: 0 | Visitas: 42

  1. Samuel17993

    Samuel17993 Poeta que considera el portal su segunda casa

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    Encuentro del Mar
    05/03/2019
    Por: Samuel Benito de la Fuente​

    Las curvas se iban retorciendo y haciendo cada vez más largas, valga la ironía. En cada movimiento de volante notaba en la espalda un peso mayor, como el de un saco. Las montañas duras, cual huesos blancos, que parecían llenas de cal, imponían ante sus ojos tensos y temía verse devorado por ellas, en cualquier momento, de una dentellada. Se asemejaban a unos inmensos dientes de lobo, al acecho y camuflados en el entorno. Cuando se acabaron las curvas aceleró, embragó, aceleró de nuevo. Le esperaba la costa, con sus gaviotas llamando con sus chillidos, el cielo azul frente al hermoso mar, y su vida se engarzaba como un collar a los campos verdes de la vida, que se regaban por toda la sencilla llanura. Tras un largo rato de monotonía fértil encontró el puerto a lo lejos. Sonrío al verlo. El sol empezaba a descender y dejaba una línea luminosa desde la que se dibujaba el paso hasta la playa. Aparcó en uno de los huecos libres de la calle, con una suerte ni soñada por ningún mortal.

    El viento daba en la cara y se encontró con el mar infinito, mientras sus pies descalzos tocaban la arena, apenas sentida, suave y templada. Se quedó mudo con el naranja del sol enredado al mar por el horizonte, como si alguien amara a otro que se dejase amar. Sus ojos empezaron a brillar con esa misma intensidad y apariencia, en la que se convertían la mirada y el horizonte en un solo enfoque. En cierto momento dejó de sentir el cuerpo, de pensar, y la gente, que antes tampoco notó su existencia, desapareció en el largo abrazo del atardecer. Se hizo uno más de las sombras de un verano fresco del cantábrico. Era el sueño de una tarde de verano. Unos barcos fueron caminándose, en la lejanía, por las sombras doradas que mecían las olas. El sol ya estaba terminando de descender y los barcos volvieron con los cadáveres crepusculares de las sombras. El brillo de la tarde se había impreso en sus ojos, añorando el rastro oscuro de los navegantes que se fueron por la mar.
     
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